Sabes qué es una “skin”? Literalmente significa “piel”, pero en el lenguaje actual de videojuegos y redes sociales se refiere al uniforme, vestimenta o accesorios que componen la imagen de un personaje destacado. Los grandes héroes tienen varias skins, cada una representando un episodio particular de su trayectoria. Y en el caso de Ronaldo, el Fenómeno, su skin más legendaria es aquella que le da un copete estrafalario y cómico, pero que llevó alegría a millones de brasileños.
Ronaldo, el primero de su nombre entre los inmortales del balón, protagonizó momentos históricos. Fue máximo goleador en todos los clubes por los que pasó. En Cruzeiro y PSV, al inicio de su carrera, lucía un peinado común que acompañaba su sonrisa juvenil e inocente. En el Barcelona, popularizó como nadie la cabeza completamente rapada, mientras deslumbraba al mundo con arrancadas poderosas, regates imposibles y definiciones precisas que lo situaban años luz por delante de su tiempo.
La “skin” del Inter de Milán refleja el ápice de su condición atlética —que le valió el apodo de Fenómeno— hasta la desgracia de una traumática lesión de rodilla que muchos pensaban acabaría con su carrera. Pero el Ronaldo con el “pelo de Cascão” simboliza su apoteosis como héroe de la selección brasileña e inmortal del fútbol. Es el emblema de una jornada épica, un look que no solo definió su imagen para la posteridad, sino que marcó un Mundial entero, el último en que Brasil levantó la Copa. Y pensar que todo empezó como una broma en un momento de tensión…
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Dramas y contusiones acumuladas
El brasileño siempre tuvo ese humor inesperado, capaz de aparecer incluso en los momentos más complicados. Después de todo, seguimos siendo un pueblo que se ríe pese a los desafíos. Pero la sonrisa tras la remontada por 2-1 sobre Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de 2002 duró menos de lo que debería. Ronaldinho Gaúcho, autor del gol que clasificó a Brasil, ya sabía que no estaría en la semifinal por la tarjeta roja recibida. Pero la noticia que más preocupaba era sobre el otro Ronaldo, el verdadero protagonista de aquella época.
El número 9 de Brasil comenzó a sentir dolores en el muslo desde la primera parte contra los ingleses. Fue sustituido a 20 minutos del final y, aunque el vestuario celebraba, la tensión estaba presente: “Quiero verte recuperarte para el próximo partido. Quiero ver si eres bueno”, le dijo al médico José Luiz Runco, según un video incluido en el documental disponible en Globoplay. No era un comentario cualquiera; era una advertencia cargada de presión y responsabilidad.
La trayectoria de Ronaldo había estado marcada por pruebas duras. Desde la convulsión sufrida horas antes de la final perdida ante Francia en 1998, hasta la grave lesión de rodilla derecha en abril de 2000, durante Lazio vs. Inter de Milán por la Coppa Italia. La imagen de Ronaldo llorando en el césped con la rodilla destrozada quedó grabada en la memoria de todos. Y aquel partido fue apenas cinco meses después de la operación que casi parecía poner fin a su carrera.
La cronología de sus lesiones era alarmante: inflamación en ambas rodillas en el segundo semestre de 1998 lo dejó fuera meses; volvió en enero de 1999, pero los dolores persistían; en abril de 1999 estuvo ocho semanas sin jugar; en mayo sufrió una contractura en el muslo derecho; y en noviembre, el 21, sufrió la ruptura parcial de los tendones de la rodilla derecha. Su regreso en el Lazio vs. Inter solo sirvió para vivir la mayor de todas sus lesiones.
Cuando Luiz Felipe Scolari lo incluyó en la convocatoria final para el Mundial de 2002, Ronaldo apenas había disputado 19 partidos desde la lesión en Roma, completando los 90 minutos en solo tres ocasiones. Había estado prácticamente dos años sin jugar, y de repente se encontraba lanzado al intenso calendario de un Mundial. Fue únicamente en esa Copa, ante Costa Rica y Bélgica (y antes de Inglaterra), que el número 9 logró por primera vez completar dos partidos consecutivos de inicio a fin.
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“Quien tenga media pierna, juega”
Aunque intentaba mostrar calma, Ronaldo no podía ocultar la verdad: la tranquilidad era solo aparente. Los periódicos de la época destacaban que su alegría de días anteriores había desaparecido. El semblante del delantero, junto al de Runco y Luiz Felipe Scolari, se tornaba más sombrío. La buena noticia era que el primer examen no señalaba lesión en las fibras musculares del muslo, y que su rodilla seguía fuera de los titulares, aportando algo de confianza. El problema era que el máximo goleador del Mundial hasta entonces —con cinco tantos, igual que Rivaldo y Miroslav Klose— seguía sintiendo dolor.
“La medicina no es una ciencia exacta y cada caso es diferente”, declaró José Luiz Runco a O Globo en esos días de tensión. “Creo que él juegue, pero no puedo garantizar que eso vaya a suceder”.
Mientras sus compañeros entrenaban con balón, la rutina de Ronaldo era distinta: electroterapia, crioterapia y tratamientos especializados ocupaban sus jornadas. Su historial de lesiones preocupaba a todos. Que Ronaldo estuviera en aquel Mundial ya era un riesgo asumido por Felipão, quien había dejado fuera a Romário pese al clamor nacional por el Baixinho.
En los meses previos al torneo, Ronaldo había sufrido cerca de cinco lesiones musculares en ese mismo muslo, y nunca había vuelto tan rápido como exigían los cinco días entre la victoria sobre Inglaterra y la semifinal contra Turquía.
“Su lesión nos preocupa, pero confío en nuestro departamento médico y en la voluntad de jugar del atleta”, dijo Scolari. “No creo que se pierda la semifinal. Necesitamos a todos ahora. Quien tenga media pierna, juega. Ronaldo sabe que Brasil lo necesita mucho. Está haciendo un Mundial maravilloso. Es líder dentro y fuera del campo”.
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Nace el “pelo Cascão”
Ver a Ronaldo sonreír ya era un buen indicio. El delantero se mostró relajado en una entrevista con Nippon TV, en Japón, la víspera de la semifinal, asegurando por primera vez que estaba listo para jugar contra Turquía:
“Estaba más cansado que otros jugadores, pero en dos o tres días estaré bien. Al fin y al cabo, en los últimos 30 días disputé una serie enorme de partidos después de estar dos años sin jugar. Fue un período muy corto, con muchos partidos”, explicó.
Runco también transmitía más ligereza, pero la verdad es que nadie estaba completamente tranquilo. Imagina la presión de Ronaldo: durante años seguía religiosamente su preparación, su rutina… hasta que las lesiones lo detenían. Tal vez, en un chispazo del destino, su deseo de iniciar un nuevo ciclo de efecto mariposa fue la razón por la que decidió cambiar su ritual.
“Yo, con mi ritual de afeitarme la cabeza antes de los partidos… me estaba afeitando y dejé esta parte para el final. Salí al pasillo del hotel… Todos se rieron, se burlaron, me metieron presión. Empezaron a decir que no tenía valor de ir al entrenamiento de esa manera”, recordó Ronaldo en retrospectiva, en el documental que lleva su nombre.
“¿Cómo vamos a tener un corte de pelo de esos? Me puse nervioso, molesto. ¿Para qué hacer eso? ¿Y si sale mal? ¿Cómo vamos a justificar algo? ¿Me pediste autorización para hacer eso? [Me quedé] con una bronca tremenda con él. ¡Bah!”, recordó Felipão, también en el documental. Sin embargo, la preocupación real seguía: Ronaldo se movió poco en el entrenamiento de la víspera del partido. ¿Aguantaría la semifinal contra Turquía?
Entre duda y certeza, Ronaldo mantuvo su decisión: el pelo se quedaba. “No puedo decepcionar a un montón de niños que copiaron este estilo, así que voy a seguir con él”, afirmó en rueda de prensa. La innovación capilar, además de aligerar un poco el ambiente, fue un éxito inmediato, dando lugar a innumerables reportajes en todo el mundo: desde anónimos hasta adultos y niños que imitaban el corte del ídolo, e incluso un duelo de crestas con el mediocampista turco Umit Davala.
Ronaldo ha hablado muchas veces sobre aquel corte que marcó su vida, siempre con humor. Reconoció que la novedad ayudó a desviar la atención de su lesión y de la tensión que todos, incluido él, sentían: “Yo estaba solo al 60%, así que me rapé la cabeza. Todo el mundo solo hablaba de mi lesión. Y cuando llegué a entrenar con ese pelo, todo el mundo dejó de hablar de la lesión”, dijo a The Sun en 2017. Premeditado o no, aquel copete inusual trajo un clima más ligero y necesario para todos.
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Piquito mágico
Si Ronaldo había decidido dejarse un copete ridículo, era parte de un pacto no oficial: los jugadores turcos prometieron afeitarse todos si lograban vencer a Brasil y alcanzar la final.
La primera parte de aquella semifinal fue para arrancarse los pelos. Brasil jugaba pésimamente, y su número 9 estaba irreconocible. En la transmisión de TV Globo, Walter Casagrande incluso defendía su sustitución en el descanso: “Hoy está siendo un jugador menos”. Al día siguiente, Zagallo también lo admitió: “En el descanso, yo también pensaba que Ronaldo debía salir. Todo el mundo vio que no estaba bien”.
Y, efectivamente, no estaba bien. Pero hay algo en la mente de un genio —con un flequillo ridículo o no— que solo ellos pueden canalizar. Ronaldo regresó para la segunda parte y, en la primera jugada en la que realmente creyó y pudo actuar, demostró su magia incluso con pocas herramientas. Cosa de crack.
“Yo no conseguía chutar con la parte interna del pie, ni pasar con precisión, ni colocar un tiro. Tal vez podría agravar aún más la lesión… Veo la oportunidad y le pego de punta. Salió perfecto”, relató en su documental. Brasil 1-0. De su dificultad surgió uno de sus goles más icónicos. Fue sustituido a los 20 minutos de la segunda parte por Luizão, y Brasil aseguró su pase a la final contra Alemania.
“Yo sabía que iba a jugar cuando se cortó el pelo de esa manera, dos días antes del partido con Turquía”, afirmó Felipão tras el encuentro.
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Redención para Ronaldo, afirmación para el peinado
El “pelo Cascão” obtuvo su aprobación definitiva en Corea y Japón, pero aún quedaba un último desafío: la final del Mundial. La ansiedad era inevitable, y para Ronaldo el peso del recuerdo de 1998 hacía todo aún más intenso. Con su copete intacto y libre de convulsiones, decidió para Brasil: anotó los dos goles que sellaron la victoria por 2-0. Brasil conquistaba su quinta estrella, y Ronaldo, además de máximo goleador del torneo con ocho tantos, alcanzaba su redención.
Ese icónico copete, al igual que la camiseta canarinha con rayas verdes en los costados, se convirtió en símbolo de la consagración. Ronaldo mantuvo el “corte de Cascão” durante meses, hasta que finalmente lo cambió, pero su imagen sigue viva en la memoria colectiva. Hoy, cuando pensamos en Ronaldo y en el Penta, también recordamos aquel inolvidable y peculiar experimento capilar.
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