Rayo Vallecano Óscar TrejoGetty

Sigan

Cuando el Rayo se mete, cuarenta años después, en una semifinal de Copa, el equipo es el mejor local de las cinco grandes ligas y ocupa la octava plaza en Liga, peleando por entrar en puestos europeos, los apóstoles del lado más soleado de la realidad nos relatan los mil y un méritos de la propiedad, porque, según ellos, Martín Presa tiene la culpa. Cuando Andoni Iraola y su plantilla juegan como los ángeles, llenan el estadio, practican un fútbol alegre, no paran de ganar partidos y acumulan méritos incalculables, los arcángeles del masaje, que nunca tienen cuello para girarlo al palco, lo bendicen, porque Martín Presa tiene la culpa. Cosas veredes, amigo Sancho. Mientras Vallecas invita al mundo a darse una vuelta por su estadio para informarse del estado de su club, una parte del periodismo deportivo de este país se posiciona del lado de Martín Presa, que no mató a Kennedy en Dallas, pero que está a años luz de ser el mártir que algunos dibujan.

No deja de tener su miga que algunas voces, con gratuidad infame, traten de hacer creer al personal que Presa debe aparecer el primero en la lista de los éxitos y curiosamente, siempre el último en la fila de las actitudes vergonzosas. El problema es que la gente tiene memoria. Que la policía no es tonta. Y que el Rayo está donde está a pesar de Martín Presa, no gracias a Martín Presa. Para todo lo demás, está la realidad virtual de quienes, en caso de duda, siempre tienen claro para dónde hay que chutar. Jamás en dirección al palco. Nunca. No importa lo que suceda, ni la magnitud del despropósito, ni que el Rayo salga a incendio diario, ni que todo un barrio pida dignidad a gritos, porque Martín Presa no tiene culpa. Sigan.

Cuando existen promesas incumplidas de cobro, cuando se producen retrasos en el pago de nóminas, cuando se produce el lamentable incidente de los abonos, cuando las mujeres del equipo femenino no tienen un cuerpo médico que las atienda y de eso se tienen que ocupar los médicos de otros clubes, entonces, por alguna razón ignota e inconfesable, nos dicen que Martín Presa no tiene culpa. Cuando el Rayo, en una declaración institucional, culpa a la Comunidad de Madrid de la comatosa situación del estadio- Dios no lo quiera, cualquier día pasará una desgracia-, sin admitir preguntas por parte de los periodistas, entonces tampoco Martín Presa tiene la culpa. Cuando el club, que está en su derecho, invita a representantes de partidos políticos cuya presencia resulta incómoda para la sensibilidad de la gente del Rayo, porque sin gente del Rayo, no hay Rayo, entonces, mire usted por dónde, Martín Presa tampoco tiene culpa. Cuando el Rayo ficha a Radamel Falcao y parte de su propia afición, lejos de aplaudir la llegada de un crack, prefiere gritar contra la gestión de quien manda, porque lo que pasa en ese club no hay Falcao que lo tape, entonces las imágenes salen en la tele, pero Martín Presa tampoco tiene la culpa. Sigan.

Cuando el Rayo Vallecano decide contratar y mantener (¿?) a un  entrenador que dijo en una conversación de whatsapp que no era mala idea que violar a una mujer para fomentar el espíritu de equipo, entonces, vaya por Dios, Martín Presa no tiene culpa. Cuando un club no permite mensajes racistas, xenófobos, ni machistas, desde la grada, pero los gestores de ese mismo club permiten la continuidad de quien se ha equivocado gravemente al lesionar los valores de ese club, entonces, Martín Presa no tiene culpa de nada. Cuando se produce el posterior silencio cómplice de diferentes estamentos del club, tolerando lo intolerable y atentando contra los valores del club y sus legítimos dueños, sus aficionados, Martín Presa no tiene culpa de nada. Cuando el Rayo juega el partido más importante de la temporada y se veta la entrada de aficionados que porten símbolos, banderas, bufandas o camisetas pertenecientes a un grupo al que nadie pretende santificar o demonizar, cuando en otros partidos sí han podido lucirlos, y queda vacío el fondo, logrando que el público se vuelva a poner en contra del palco, entonces Martín Presa no tiene culpa de nada. Sigan.

Cuando la gente de Vallecas rechaza desde hace años una gestión caótica, inadmisible, reprobable y kafkiana, pues resulta que parte del periodismo insiste en tapar el sol con un dedo y contarnos que Martín Presa nunca tiene la culpa de nada. Que tampoco es para tanto, que pobre Rayo, que qué bien juega, que en el barrio hay gente simpatica y a otra cosa, mariposa. Y mientras el equipo se empeña en hacer grande lo que la gestión quiere hacer pequeño, la vida sigue igual. Vallecas habla y otros ladran. La franja protesta y otros rebuznan. Para todo lo demás, ya saben, los apóstoles del disparate seguirán con la sesión de baño y masaje: para ellos, Martín Presa nunca tiene la culpa de nada. Sigan.

Rubén Uría

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