"Si no salimos de Concacaf, nunca llegaremos al quinto partido del Mundial".
"Los partidos moleros impiden que la Selección mexicana sea más competitiva".
"México no tiene exigencia, por eso sufre cuando juega contra un rival de primer nivel".
Todas estas frases estaban en el menú de quien necesitaba encontrarle explicación a los fracasos de la Selección mexicana. De manera unánime se planteó como solución tener mayor roce internacional, buscando buenos rivales para probarse en escenarios que podrían presentarse en Qatar 2022.
La Federación Mexicana de Futbol asumió este enfoque como propio, buscando fortalecer el proyecto deportivo de Gerardo Martino con rivales fuera de la zona. Sin embargo, varios meses después, la evidencia muestra que todo era un mito: la preparación europea no le alcanzó al Tri ni para mantener el dominio en Concacaf.
¿Cóm se preparó México?
GettyTodo comenzó con los amistosos contra Holanda y Argelia, rivales ante los que la Selección mexicana tuvo a disposición a sus principales elementos. Los resultados fueron una victoria ante la Naranja Mecánica por 1-0 y luego un empate frente al seleccionado africano por el marcador de 2-2.
Luego vinieron los duelos frente a Corea del Sur y Japón. Aunque no son equipos europeos, hay que destacar que son los dos más importantes de Asia y se han convertido en habituales en cada Mundial, pero aún así los del Tata Martino lograron imponerse por 3-2 y 2-0, respectivamente.
Para culminar la preparación, México se midió ante Gales, Costa Rica e Islandia. En todos tuvo presentaciones bastante aceptables, pero dejó ver algunos problemas de funcionamiento a los que Martino no pudo encontrarle solución antes del verano y los cuales le pasaron factura más adelante.
Un verano desastroso
GettyLas sensaciones en la Liga de Naciones no fueron las mejores, ni mucho menos. El equipo disputó las semifinales contra Costa Rica y no tuvo la capacidad para someter al rival como lo habría hecho meses atrás, por lo que avanzó gracias a los tiros desde el manchón penal. Las cosas no cambiaron demasiado en la final y Estados Unidos lo aprovechó para imponere por 3-2.
La ausencia de un '9' por la lesión de Raúl Jiménez fue la excusa perfecta para maquillar los problemas de México y se procedió a la convocatoria de Rogelio Funes Mori para la Copa Oro. Sin embargo, la presencia del crack de Rayados de Monterrey no cambió el triste panorama de la Selección mexicana, que sufrió ante rivales como Trinidad y Tobago, El Salvador o Canadá.
El destino le dio la revancha perfecta a los del Tata Martino: otra final contra Estados Unidos en menos de dos meses. La ocasión parecía ideal, pues el combinado de las barras y las estrellas presentó un cuadro alternativo; no obstante, el eterno rival sacó provecho de la poca eficacia de la Selección mexicana y volvió a arrebatarle el título, poniendo en duda la hegemonía del Tri en la zona.
México se olvidó de sí mismo
GettyEn los últimos meses se cometió el error de ver cómo corren los demás. Es cierto que los rivales de la Concacaf no representan una prueba demasiado exigente para el Tri, pero no se puede pensar en trascender en otras latitudes si ni siquiera se tiene dominada la zona en la que compite México.
Y es que el problema de la Selección mexicana nunca estuvo en la calidad de los rivales a los que enfrenta, sino en el funcionamiento como equipo. Para ganarle a Alemania en Rusia 2018 no hizo falta prepararse ante potencias, solo consolidar una idea y explotar el potencial de las figuras.
Ya pasaron más de dos años desde la llegada de Martino al banquillo del Tri, periodo en el que aún no se ha afianzado su idea. Es por ahí donde se deben dar los primeros pasos y no en el calendario de amistosos; de lo contrario, el camino en las Eliminatorias no será tan placentero como se cree.

