Rubén Uría: Ese Atleti que "no juega a nada"

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Ruben Uria Blog

Hace años que el Atleti, para disgusto de muchos y goce de sus seguidores, construyó su camino. Ser un equipo programado para combatir al Madrid de Cristiano y al Barça de Messi, usando un  estilo tan discutido como efectivo, en las antípodas del canon del buen gusto, para convertirse en un equipo tan antipático como contracultural, amenazando a los estetas del toque. Simeone, profeta de una religión fanática, ha edificado un equipo sólido, áspero y combativo, una pura roca de granito, un equipo que no ganaría ningún concurso de estética y que, por descontado, no juega para agradar, sino para ganar. Gane o pierda, el tipo lo ha tenido claro desde que llegó: “Que nadie se confunda: el Atlético de Madrid es un equipo duro, defensa fuerte y contragolpe. Esa es la historia del Atlético de Madrid y no podemos olvidar nuestra historia”. Precisamente por eso resulta sorprendente que algunos aficionados del Atleti (una minoría, en su derecho) y casi todos los que no son del Atleti (una abrumadora mayoría, también en su derecho), lleven casi un lustro exigiendo que el Atleti juegue con el estilo que a ellos les gusta, que trate el balón como a ellos les gusta y que compita como ellos quieren que compita. Los hay que son aficionados puros – los menos-, de esos que son los que acuden al estadio mendigando cinco minutos de buen toque y los hay que son profetas del apocalipsis – los más-, de los que confunden jugar bonito con jugar bien. Todos presumen de saber más de fútbol que el Cholo – siete títulos en siete años-, porque se arrogan la bandera del buen fútbol, se abonan al pensamiento único y confunden deseos con realidad. Asumido. Desde que llegó, Simeone trabaja para levantar trofeos, no para contentar oídos.

¿Qué es jugar bien? Pues no está en los libros, ni existe un reglamento, ni está escrito en ningún código amanuense, ni es un concepto propiedad de un selecto club de sesudos analistas, ni tampoco es propiedad exclusiva de corrientes de opinión periodísticas. Jugar bien a fútbol es aplicar, a rajatabla, un sistema, dibujo o idea de juego, una táctica y un plan de partido que tus jugadores deben ejecutar con éxito. Eso es jugar bien. ¿Juega mal el Atleti? Pues miren, no. Suele jugar muy bien. Durante todos estos años lo ha hecho. Ha trazado un plan, poco vistoso pero muy efectivo, ganando títulos o compitiendo por ganarlos, contra equipos todopoderosos, sin perderle la cara al Madrid y al Barça en el día a día. ¿Jugó mal el Atleti en Vallecas? Pues sí. Naturalmente que sí. Habría que ser un ciego para no verlo. La cuestión es que el Atleti no jugó rematadamente mal por no elaborar, ni por no ocupar bien el espacio, ni por no profundizar por las alas, ni por no tener uno contra uno, ni por no ser capaz de dar cinco pases seguidos cuando tiene jugadores con suficiente calidad – presuntamente- para poder darlos. No, el Atleti no jugó mal por eso.

El Atleti jugó mal en Vallecas y ha jugado varios partidos infames esta temporada porque se está alejando cada vez más de lo que sabe hacer, renunciando cada vez más a su estilo y personalidad, tanto en la elección de jugadores como en sus tareas sobre el césped. El Atleti está empezando a jugar entre mal y muy mal porque se ha desnaturalizado, porque ha seguido compitiendo al máximo nivel e incluso ganado durante años, soportando estoicamente el famoso reproche del “no juega a nada”, pero siendo fiel a sí mismo. ¿Qué sabía hacer el Atleti? La marca de la casa era un equipo duro, ordenador en el repliegue, áspero, competitivo, agresivo y sobre todo, intenso. Un grupo de gladiadores. Gente con personalidad de acero y voluntad de hierro. Un equipo cuyo éxito tenía un secreto: pelear como un pequeño para ser un grande. Hoy, la semana pasada y durante muchos partidos, el Atleti está jugando mal porque se ha empeñado en amputar su alma, que es lo peor que puede hacer, porque acabará olvidando quién es. Y si el Atleti quiere volver a jugar bien – en su estilo- sin importarle lo que digan los periodistas, los gurús y hasta los aficionados, los propios y los ajenos, tendrá que volver a recuperar su personalidad. Esa a la que ha renunciado, al punto que en Vallecas se vio a un equipo de Simeone que parecía todo, menos un equipo de Simeone. Si el Atleti quiere volver a ser lo que fue, necesita volver a aceptarse y gustarse como lo que es y no como los demás le dicen que tiene que ser- Y el Atleti, como el amor es ciego pero los vecinos no sabe ser lo que los demás quieren que sea. Es un equipo de tres “efes”. Feo, fuerte y formal.

Posdata: En la conferencia de prensa, Simeone tuvo toda la energía, agresividad e intensidad que le faltó a su equipo, para regalarle un epitafio lapidario al partido: "Los que eligen jugar bien quieren ganar una final jugando mal, en cambio nosotros queremos ganar siempre". Amén. Conclusión: mejor un resultadista sin complejos que cualquier ventajista.

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