Ovarios, capítulo I: Lorena Benítez, por ella y por todas

Lorena Benítez tiene 20 años y es futbolista de Boca, de Kimberley (futsal) y de la Selección argentina. Y también es mamá de mellizos, Renata y Austin. Y es pareja de Verónica Rivero. Y es lo que lo que durante años le dijeron que no podía ser: Lorena es libre de elegir.

Cuando era chica, a los ocho años, Lorena no era Lorena, si no Lorenzo. O Lucas, o Diego, o como fuera que se llamara el nene dueño del DNI que usaba para poder jugar los partidos con la categoría 99, cuyo técnico permitía que haya una nena en el equipo (algo que no dejaba el DT de la '98), pero que debía camuflarse para que no le caiga la “ley de torneos de niños y padres” que no permitían equipos mixtos. O, mejor dicho, no permitían que las nenas jugaran -en muchos lugares sigue siendo así-. Lorena lo cuenta con la misma inocencia con la que vivió esos años en los que debía fingir ser otro para poder hacer lo que quería hacer. Sin embargo sabe, lo supo siempre, ella no era la que estaba mal en esa cancha. 

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Cuando ya no pudo ser Lorenzo, tuvo que separarse de sus compañeros para pasar a un equipo de mujeres. Así llegó a San Lorenzo, donde debutó antes de cumplir los 14 años, la edad mínima reglamentaria para jugar en Primera División, lo que le costó la pérdida de puntos y del torneo a su equipo. Pero el técnico se arriesgó: cómo iba a dejar a semejante jugadora en el banco.

Ahora la volante de Boca se está enfrentando a Japón en el Parque de los Príncipes por el primer partido de la Albiceleste en la fase de grupos del Mundial, pero hace unos días atrás estaba despertándose a las dos de la mañana en su casa en Devoto para ir a trabajar al Mercado Central y comenzar su día interminable: después de ocho o nueve horas -a veces más-, parte para el entrenamiento del Xeneize (o de la Selección en su defecto) y más tarde se va a la práctica en Kimberley. A la noche, si puede, duerme cuatro o cinco horas.

Lorena juega de cinco, bien plantada, y es una de esas futbolistas que despierta elogios cada vez que la ven con la pelota en los pies (ganó el premio Alumni 2018 como mejor jugadora de futsal). Tiene buena técnica, es apasionada y juega fuerte. En la cancha y en la vida. Porque mientras se afianzaba en el primer equipo de Boca y seguía conquistando títulos con Kimberley, la joven nacida en Luis Guillón encaró, junto a su pareja, un tamiento para convertirse en madres en el que se utilizaron óvulos de la mediocampista y se implantaron embriones en el útero de Verónica. El proceso complicó la carrera de la futbolista Xeneize, que tuvo que estar un tiempo sin poder jugar. Tanto que se perdió el Superclásico por "un error de cálculo". Pero el final fue feliz: meses después nacieron los mellis.

Hoy Lorena juega la Copa del Mundo en Francia, la tercera en la historia de la Albiceleste que logró volver a clasificarse después de 12 años a este certamen, pero el campeonato más importante lo jugó hace muchos años, cuando le dijeron que no y saltó a la cancha igual para pegarle un baile al sistema machista que, todavía aún, se empecina en sostener que el fútbol "no es cosa de mujeres". Lorena juega por ella y por todas. Y va ganando.

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