Noticias En vivo
Osvaldo Ardiles

Osvaldo, el argentino; Ossie, el inglés

16:24 GMT-5 02/04/18
Ardiles
En 1982 Ardiles se quedó sin casa: en Argentina le decían traidor y en Inglaterra no querían a la estrella de Tottenham. La guerra que cambió todo.

En el entrenamiento del Tottenham del 2 de abril de 1982 se vivía un ambiente distendido, relajado. Es verdad: ese día había más periodistas de la cuenta, varios que no tenían nada que ver con el fútbol. Pero para los jugadores del equipo inglés, todo estaba bien. Al otro día había que jugar contra Leicester, por las semifinales de la FA Cup. Y algunos se animaron a hacerle un chiste a él, que ese día, a diferencia del resto, ni se reía ni parecía muy concentrado en el partido. 

Glenn Hoddle no dudó en tirar la primera indirecta.

-¡Ey, Ossie! ¿Qué pasó? Se quedaron con las Malvinas, ¡no puede ser!

-No, esto es muy serio para mí...

Una de las estrellas del equipo, Garth Crooks, que estaba cerca de la conversación, dejó de reírse. Hasta ese día, nunca había escuchado la palabra "Malvinas". No creía que la invasión de Argentina a las Islas podía derivar en una guerra, ni le importaba demasiado. Pero cuando vio la cara de Osvaldo Ardiles, lo entendió. El término "Falklands" y "Malvinas" no iba a dejar de aparecer nunca más en la vida de ninguno de ellos.

Come asado con la camisa abierta en un campo de Roque Pérez. Le asegura a Julio Ricardo Villa, su amigo de toda la vida, que lo va a ir a visitar mucho más seguido. Hacía cuatro años que no pasaba por esos lugares. Observa el campo interminable y aprecia el clima. Es un día de sol pleno. "Los ingleses estarían celosos", dice con una sonrisa Osvaldo, el argentino.

Camina con tranquilidad por un barrio sin movimiento. Casas demasiado parecidas entre sí: un jardín delantero, un lugar para estacionar el auto, una entrada coqueta y otro jardín, pero trasero. Calles de asfalto y tachos de basura para cada propiedad. Lleva un saco, una bufanda y tiene zapatos negros relucientes con los que hasta podría verse su propia cara si mirara hacia abajo. Ossie, el inglés, vuelve a su antiguo vecindario, en las afueras de Londres.

White, blue and white, un documental de Camilo Antolini producido por ESPN, cuenta con sensibilidad y perfecto ritmo la guerra de Malvinas desde el punto de vista de Osvaldo Ardiles, que en esa época era una de las estrellas de Tottenham, de Inglaterra. Junto a otro argentino, Villa, Ossie se encontró ante un dilema imposible de anular. En Argentina, su país, algunos lo consideraban un traidor. En Inglaterra, su casa adoptiva, sentía que no lo querían. En esos tiempos, el mediocampista argentino, que en 1978 había sido una de las piezas clave del equipo del Flaco Menotti que se quedó con el Mundial, no lo sabía: el 2 de abril de 1982, empezaba un conflicto interno que no iba a terminar ni cuando las balas dejaran de sonar.

"In our ranks there's Ossie Ardiles,  He's had a dream for a year or two, That one day he's gonna play at Wembley, Now his dream is coming true, Ossie we're gonna be behind you, Altogether man for man, We know you're gonna play a blinder (En nuestras filas tenemos a Ossie Ardiles. Él tiene un sueño hace un año o dos. Que un día jugará en Wembley, y ahora ese sueño se está haciendo realidad. Ossie, estaremos atrás tuyo, todos juntos, hombre a hombre. Sabemos que la vas a romper)". Hasta tenía una canción en su honor, Ossie's dream.

 

"Antes de que se iniciara el conflicto, yo estaba jugando el mejor fútbol de mi vida. Si no hubiera pasado,  hubiese sido el mejor jugador de Inglaterra, por ejemplo", comenta Ardiles en el documental. Fue contratado por Tottenham en 1978, después de su gran Mundial. Por su forma de ser, humilde y silencioso, trabajador y solidario, no le costó demasiado adaptarse al fútbol de Inglaterra. Hablaba un inglés elegante y refinado, no escapaba de alguna pinta de cerveza. Caía bien. En 1981 y 1982 ganó la FA Cup.

El partido del 3 de abril, ante Leicester, planteó el panorama. Cada vez que Ardiles o Villa tocaban la pelota, se venían los silbidos y abucheos. Pero los hinchas de Tottenham reaccionaron de otra manera. "¡Argentina! ¡Argentina!". Una bandera se hizo famosa: "Argentina can keep the Falklands, we'll keep Ossie (Argentina se puede quedar con las Malvinas, nosotros nos quedamos con Ossie)". Pero la grieta estaba demasiado marcada. "Las heridas de la guerra estaban muy a flor de piel, yo lo sentía así", dijo Ardiles.

Dejó a su club para empezar la preparación del Mundial 82. Ya en Argentina, no dudó: "Sí, considero que las Malvinas son argentinas. Espero que este problema pueda ser solucionado de una manera pacífica". Con el tiempo, Ardiles tomó la decisión. No quedaba más lugar para "Ossie". En ese tiempo, sólo se podía ser "Osvaldo". "Nunca jugué tan mal en mi vida. Mentalmente estaba destruido. Me costaba hacer lo básico", dice. Su declaración para la televisión británica fue muy clara: "Al final del día...no puedo jugar en un país que está en guerra contra mi país...no lo puedo creer, todo me parece increíble". En junio de 1982, pasó a PSG.

El documental mueve las fibras de Ardiles. Va a la plaza San Martín, donde aprecia el Cenotafio de los caídos en la guerra. Ahí llega el primer golpe. Busca entre los más de 600 nombres y lo encuentra: José Leónidas Ardiles. "Ahí está, ahí está mi primo", dice. En el medio de su conflicto interno, se encontró con otro sacudón, todavía más duro. Ver su apellido en el mármol frío parece golpearlo demasiado. Llora. Ya no puede hablar.

Pero el relato de la película escarba todavía más profundo. Ardiles viaja a las Malvinas con su histórico ladero, Julio Ricardo Villa, y sufre un accidente automovilístico. Parece una simbología de ficción, pero no. Salvó su vida de milagro gracias a la eficiencia de los isleños, que recurrieron con velocidad al lugar en el que volcó su camioneta, lo trasladaron rápidamente al hospital y evitaron que el problema pudiera escalar a algo mucho peor.

Hay que prestar atención en Ardiles: es un ex jugador de fútbol que por momentos habla como si fuera uno más de la clase media británica. Podría ser un banquero, un abogado, un barman. Se expresa con naturalidad y simpleza. Es Ossie, ni más ni menos. Pero después llega Malvinas, Villa y la argentinidad vuelve a aflorar. Y regresa Osvaldo. Se mueve en ese paradigma, convencido que ya no puede cambiar. Todavía hoy, Ardiles es Osvaldo, el argentino; pero también Ossie, el inglés.