Marcelo & AsensioGetty Images

Marco Asensio siempre estuvo ahí


OPINIÓN


El Real Madrid le dio este miércoles un serio correctivo al PSG. El club que tiene el vestuario forrado en oro llegaba al Santiago Bernabéu rodeado de toda la fanfarria que corresponde al equipo que más dinero ha desembolsado en fichajes el pasado verano, rompiendo todos los récords conocidos. Mientras tanto, el club blanco esperaba con el rabo entre las piernas y una urgencia galopante. Pero eso sí, con una Historia, un saber estar y un hambre de éxitos sin igual. Y ello se tradujo en un plan perfectamente ejecutado sobre el campo. Como si fuese trazado en agosto, antes de todos estos meses de desconcierto: remontada, goles en momentos críticos, efectividad anotadora, flor, y un banquillo revolucionario. La receta que la pasada temporada le hizo campeón de España y de Europa.

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Ahí tuvo mucho que ver un Zidane que dio una vuelta de tuerca a su carrera como entrenador del Real Madrid. ‘Supo’ prescindir de una BBC en horas bajas, y supo cambiar el partido desde el banquillo con la entrada de Lucas Vázquez y de Marco Asensio en un momento crítico, cuando estaba contra las cuerdas. Y éstos cumplieron, inclinando el campo hacia el lado merengue. Especialmente el mallorquín, que participó directamente de los dos goles postreros.

Asensio siempre estuvo ahí. El mismo chico que deslumbró al mundo en la Supercopa de Europa ante el Sevilla, en Múnich o en los Clásicos ‘supercoperos’ del verano siempre estuvo ahí. No concretamente en el terreno de juego, sino en el banquillo, más bien. Haciendo de correturnos en Liga y Champions, para tomar un liderazgo real sólo en una Copa para los meritorios. Pero Asensio siempre estuvo ahí. Sólo que era difícil mostrarse en semejantes condiciones. Aunque el sol siempre brilla en el cielo, no se puede ver si está rodeado de nubarrones grises. Y eso le pasaba al talentoso mediocampista blanco. Ni más ni menos.

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Esta actuación ante el PSG vuelve a poner a Asensio en el menú de los platos principales, alejándolo de los aperitivos y las guarniciones. Como tras su paso por el Allianz Arena en los cuartos de final de la temporada pasada, en aquel otro genial e inesperado giro de timón de Zidane. Es difícil explicar por qué abandonó ese lugar de privilegio, o cuándo algunos perdieron el paladar ante el mallorquín. Pero ahora parece claro que su vértigo, velocidad y acierto son precisamente lo que necesita este Madrid lánguido hasta que el propio Asensio lo revitalizase frente al PSG.

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