Marcelo Vinicius Real MadridGetty Images

Marcelo, no merece la pena...

Por Jorge C. Picón - Ya avisó el Villarreal en la ida, rascando un empate del Bernabéu, que no iba a ser un rival fácil, menos aún espoleado por su afición. Empate a cero que se puede ver justo teniendo en cuenta que cada uno fue mejor en una parte. Justo como Sánchez Martínez, que protagonizó el esperpento arbitral de la primera mitad y relajó la situación en la segunda. Difícil de explicar que el VAR no avisase del claro penalti de Albiol a Vinicius. O que, a pesar de ser testigo presencial de la plancha de Asensio a Iborra, una de esas con grave riesgo de lesión, el juez principal valorase que solo merecía una amarilla.

La Cerámica encontró a su enemigo número uno en Vinicius, que como otros grandes jugadores, se está ganando salir pitado de todas las plazas. Y digo que se lo gana porque, tal y como comentaba Jorge Valdano en la retransmisión de Movistar +, los pitos son más de miedo que de enfado. Volvía de sanción y fue el mejor, como está siendo habitual esta temporada. Una pena que no acertase en un claro mano a mano con Rulli. La definición sigue siendo su punto débil, aunque cada día mejora más y más.

Se puede entender también como un partido de resurrecciones. La más importante, la de Bale, que volvió tras más de cinco meses y fue protagonista de las ocasiones más claras del Madrid. El galés es un jugador muy aprovechable y Ancelotti lo sabe. Solo Rulli y la madera evitaron que marcase. Valverde también fue un ciclón, especialmente en la segunda parte. Por verticalidad, ritmo y compromiso, el Pajarito debe ser titular en este Madrid más pronto que tarde. Incluso Jovic y Hazard, que apenas tuvieron unos minutos al final, entraron enchufados. El segundo dejó solo al primero, que tuvo la oportunidad de ser héroe, pero no la aprovechó. El larguero dijo 'no'.

Sin embargo, lo más preocupante de la tarde es el nivel de Marcelo. Ha sido claramente superado por Chukwueze y apenas aportó en ataque. Es imposible que una leyenda como él borre su propio legado, pero lo cierto es que partidos como el de hoy, habituales los últimos dos años, están ensuciando una retirada gloriosa del Real Madrid. En el Bernabéu, contra equipos de menor talla y con el apoyo de la grada todavía puede aportar desborde y alegría. Pero en cuanto los partidos tienen algo de ritmo, su presencia es incomprensible. No merece la pena exponerse de esta forma. Es hora de dar un paso al costado.

La sensación, a tres días de la prueba definitiva en París, es que el equipo está bien, pero que ni con eso puede dar para sacar un resultado positivo del Parque de los Príncipes. El Madrid va a necesitar más continuidad en el juego y, sobre todo, más gol. Ahora bien, allí estará Benzema, Mendy y un Bale que, con espacios, puede ser un arma secreta muy peligrosa.

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