Gerard Piqué Coutinho Clement Lenglet Barcelona Bayern Munich Champions LeagueCHRISTOF STACHE / AFP

Lo que no se merece el Barcelona

Sin anestesia. Sin excusas de mal pagador. Y sin historias para no dormir. Agotadas las palabras, el optimismo incurable, los discursos vacíos y los eufemismos, queda el gran vacío de la realidad. El Bayern expidió anoche el certificado oficial de la autopsia deportiva de lo que queda del Barcelona, al que el cacareado orgullo y la puesta en escena le duró veinte minutos, una nadería cuando la exigencia era resistir un oceano de tiempo frente a un equipo que tiene todo lo que le falta al equipo azulgrana: calidad, solidez, piernas, ambición y personalidad. Convertido en piñata humana por el ogro bávaro, el Barcelona volvió a descubrir sus carencias y se arrebató a sí mismo, de cuajo, la capacidad de soñar con ofrecerle al socio la gran noche que merece. Conclusión: A la Europa League. Un torneo que se considera menor y hasta cuya participación se etiqueta como un fracaso, cuando la realidad es tozuda. Hay algo mucho peor que jugar la Europa League, que es la obligación de ganarla, porque no es precisamente un paseo por el campo. Y salvo que este equipo experimente una profunda catarsis, ahora mismo este Barcelona no está para nada. No es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

La lista de culpables es tan extensa que empieza a recordar a la que enumeraba Ayra Stark en Juego de Tronos. Bartomeu desangró el club con una gestión terrorífica, Koeman invitó al conformismo con un estilo de juego pacato y un discurso complaciente, Laporta llegó al club envuelto en un optimismo desbordante y se está quemando a lo bonzo en cada una de sus intervenciones públicas, Xavi llegó como clavo ardiendo al que agarrarse y a pesar de que cuenta con el respaldo del socio, también será hijo de los resultados y no tendrá crédito infinito. Y de propina, los jugadores, pues eso. Ya no está Messi para sostener al club, ni para tapar los malos resultados, ni para reflotar al equipo cuando lo pasa mal. Huérfano del mejor de todos los tiempos, el vestuario camina, de derrota en derrota, hacia la travesía del desierto. Hay plantilla para más de lo que proponía Koeman y para menos de lo que creía Xavi. Chavalería de La Masia al margen, la realidad es indisimulable. Hace cinco años que lo que el club ficha no mejora lo que ya había, hace bastante que el equipo no tiene energía, el grupo ha perdido liderazgo y con el pasar de los partidos, el socio se cuestiona si los jugadores que tiene realmente están a la altura del escudo que defienden. Este equipo es incapaz de ganarle a cualquier rival con cara y ojos, en España y en Europa, tendrá que afrontar la penitencia de jugar los jueves y el reto de ser capaz de quedar entre los cuatro primeros en Liga, donde los pesimistas, que son los optimistas bien informados, no lo tienen nada claro. Más allá de los despachos y del banquillo, el gran problema al que se enfrenta Xavi es estructural.Su Barcelona tiene mejor puesta en escena que el de su predecesor, sus mecanismos de juego están en consonancia con lo que pide el socio y su discurso es bastante más sostenible que el de Koeman. Eso es verdad. Tanto, como que sus resultados están siendo iguales o peores. Que cada palo aguante su vela.

El Barcelona está en la UVI.Muy enfermo. Lleva años convaleciente y ahora es incapaz de sostenerse de pie, porque está demasiado débil. Su cuadro clínico no miente. Tiene la peor enfermedad que puede sufrir un club grande. Se ha acostumbrado a perder. Y cuando un club entra en esa inercia negativa, cuando el equipo sigue sin tocar fondo, porque todo es susceptible de empeorar, el panorama es terrible. Y la única solución para que este mal paciente reaccione es curándose a sustos, con un jarabe de palo hecho de medidas drásticas y mano firme. En lo técnico, al Barcelona le faltan defensas que no sean de cartón, medios competentes y sobre todo, gente con gol. Sin dinero en caja, eso sólo se podrá comprar si antes se vende. La pregunta del millón es qué equipo querrá pagar por unos jugadores que están a años luz de lo que pueden ser. Sin rumbo, sin equipo y sin dinero, el Barcelona tiene la obligación de empezar a cuidar lo que tiene y exigir, con toda la energía posible, atributos que alguien que viste esa camiseta debe llevar incorporados: amor propio, rebeldía y orgullo. Xavi dijo que el Barcelona no se merece esto. Busquets también repitió que el Barcelona no se merece esto. Es cierto, pero solo a medias: el socio puede resistir una travesía por el desierto, puede hasta asimilar jugar la Europa League, puede procesar que ya no está Messi e incluso puede tolerar que, sin dinero para fichar, los chavales tiren del carro y haya dificultades para entrar en la próxima Champions. Lo que el socio no puede perdonar y lo que el Barcelona no se merece es un equipo que con el amor propio bajo mínimos y la rebeldía por los suelos. Lo que no se merece el Barcelona es gente que no entienda qué es jugar en el Barcelona.

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