La selección perdida de Zambia

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zambia 1993
Una serie de malas decisiones ajenas al fútbol acabaron con la vida de la selección 'chilopololo' y la ilusión de los zambianos por su primer Mundial.


EL MUNDIAL Y LA POLÍTICA

Si el continente africano tuvo jamás un equipo prometedor ese fue la selección de Zambia que en abril de 1993 peleaba por clasificarse para el Mundial de Estados Unidos que iba a celebrarse el verano de 1994. Los chilopololo, como se conoce a los miembros del combinado zambiano, jamás habían participado en la fase final de una Copa del Mundo pero aspiraban a lograrlo después de la medalla de bronce en la Copa Africana de Naciones de 1990. Eran un conjunto ofensivo, generoso en lo estético y trabajado en el capítulo táctico que arrancó aplausos de parte de analistas y aficionados de todo el continente. Sin embargo, le faltaba un gran éxito que coronara a Kalusha Bwalya, capitán de la selección y jugador del PSV Eindhoven, y a sus compañeros. Asegurarse la presencia en su primer Mundial debía ser la gesta que hiciera de ellos un equipo de leyenda pero la tragedia se cruzó en su camino.

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Sucedió el 27 de abril de 1993. Zambia había sido primera de grupo en la primera ronda preliminar de la CAF y afrontaba la segunda fase, la definitiva, con moderada ilusión. Los futbolistas que entrenaba Godfrey Chitalu, recientemente famoso porque sería él quien ostentaría el récord de goles en un año natural incluso por delante de los 91 que marcó Leo Messi en 2012, empezarían los seis partidos que iban a clasificarles o no para su primera Copa del Mundo a domicilio de Senegal, en Dakar. Para ello la Federación delegó la organización del viaje en la Fuerza Aérea del país, que puso a disposición un avión modelo Havilland Canada DHC-5 Buffalo, un aparato anticuado y con poca autonomía que debería realizar tres escalas para repostar combustible en Brazzaville (Congo), Libreville (Gabón) y Abidjan (Costa de Marfil) antes de alcanzar su destino. Nunca lo haría.

Durante el primer aterrizaje en Brazzaville se detectó un problema en uno de los motores pero aun así la nave siguió su viaje. Al poco tiempo del despegue el motor izquierdo empezó a arder y, según el relato de la versión oficial, el piloto se equivocó y apagó el motor derecho, un error que resultaría fatal al impedir que el aeroplano tuviera potencia suficiente como para ganar altura, y acabó estrellándose en el Océano Atlántico a menos de un kilómetro de Libreville. No hubo supervivientes entre los dieciocho futbolistas que viajaban, los cuatro miembros del cuerpo técnico y los cinco tripulantes, además de un periodista, un miembro de la Federación y un trabajador público. Aquel día perecieron treinta personas. Solo se salvó Bwalya, el capitán, que debía reunirse con sus compañeros en Dakar procedente de Europa. Las causas del accidente, no obstante, siguen sin estar claras tal y como recordó en 2013 Elias Ngwale, director del programa de Zambia para los Derechos Humanos, durante la conmemoración de los veinte años del accidente.

El periodista Simon Kuper indica que existen serias discrepancias con el relato oficial y en su obra Fútbol contra el Enemigo da con un testimonio, Burkhard Ziese, un alemán que entrenó a la selección de Ghana, que explica cómo "volar en aviones militares no deja de ser más lucrativo para los dirigentes porque no hay que pasar el control de aduanas y pueden adquirir productos de alta gama a precio muy bajo y luego ganar algo", una versión que se añadiría a la falta de presupuesto con la que se ha explicado que el equipo viajara en aquel avión, especialmente después de que los ministros que debían investigar el accidente se desplazaran a Senegal en el moderno Douglas DC-8 presidencial. Aun así, Bwalya fue capaz de reconstruir la selección que se mantuvo invicta hasta la última jornada, cuando cayó a domicilio de Marruecos y se le escapó la posibilidad de disputar su primera Copa del Mundo. Nunca los chilopololo han estado tan cerca como entonces. 

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