De que Alberto Gamero es un fiel creyente de su plantel, de la sangre joven y de hacer rotaciones puntuales cuando el calendario lo demanda, no quedan dudas. Que la Copa Libertadores lo haya obligado al recambio para llegar a Rio con un equipo fresco que permita ilusionarse con la remontada, es otro cantar.
No fue superior, lo sufrió y debió liquidarlo, pero la nómina mixta -casi completamente alterna- de Millonarios, le ganó a un aguerrido Cortuluá que de no ser por Montero salvando el penal de Ruíz, se pudo haber llevado al menos el empate del Campín y eso que en un principio se mostró tímido y especulador. Pero esos tres puntos valen, además de la victoria, ser parcialmente primero de la tabla y darle un respiro al equipo principal para que se enfoque completamente en Fluminense porque el desafío es titánico.
Virtud de Gamero que acertó en nómina y cambios para terminar de darle rodaje a todos los jugadores. Falló, eso sí, en el planteamiento a lo largo del partido porque por pasajes renunció a la pelota y le entregó iniciativa al equipo vallecaucano. Demasiados riesgos en defensa y algunos indultos en ataque que terminaron en dramatismo. Jugó al filo, con fuego, pero finalmente lo consiguió y el público así se lo reconoció, porque lo más importante era ganar y mantenerse arriba aprovechando el resbalón del Tolima y a la espera de lo que pueda hacer Nacional.
Como suele pasar en este tipo de circunstancias de juego, una genialidad fue la encargada de cambiar la historia y esta vez le correspondió a una chilena perfectamente ejecutada por Pereira para que la rotación obligada llevara a Millonarios a lo más alto. Así sea parcialmente, hoy el azul puede estar tranquilo porque ya son cinco victorias consecutivas en el campeonato después del bache.
