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Copa del Mundo

La revolución de 'los otros franceses'

5:10 GMT-5 24/06/18
Nabil Fekir France Ireland Friendly 28052018
Las pitadas a La Marsellesa de franceses con ascendencia magrebí fueron constantes hasta que Sarkozy las prohibió en 2012.


EL MUNDIAL Y LA POLÍTICA

Libertad, igualdad y fraternidad son valores en desuso. O, por lo menos, viven una época de importante descrédito pese a tratarse de los pilares fundamentales de la refundación de Francia a partir de 1789. Lo mismo le sucede a La Marsellesa, el himno francés, que no aglutina a la población como en otras épocas. Tanto es así que a lo largo de los últimos años han sido varias las pitadas que ha sufrido antes de los partidos de la selección. Lo grave es que los que pitaban eran los propios ciudadanos franceses, los que no se sentían ni representados ni amparados bajo la bandera y el himno de un estado cuyos valores ya no sienten como propios.

Y eso que solo han pasado veinte años del éxito que supuso la victoria en el Mundial de 1998, cuando un equipo plagado de jugadores con origenes dispares alrededor del planeta pero con el pasaporte francés en común logró la primera Copa del Mundo. En 2001, solo tres años después, la cohesión social que culminó en aquel triunfo sin precedentes voló por los aires cuando la selección de Argelia jugó a domicilio de Francia y La Marsellesa recogió las primeras protestas de parte de sus propios ciudadanos, en aquella ocasión de ascendencia argelina, y solo Zinedine Zidane evitó los pitos en un partido que acabó con los aficionados invadiendo el terreno de juego. No tardarían en sucederse más impromperios al himno nacional en los partidos del combinado 'bleu'.

En 2007 un Stade de France lleno de banderas marroquíes antes de un Francia-Marruecos arrancó con una estruendosa pitada a La Marsellesa por parte de los aficionados locales de ascendencia marroquí, que no solo preferían al equipo de sus padres sino que además abucheaban al del equipo del país que les había visto nacer. Patrice Evra no daba crédito. "No había ni una sola camiseta azul en las gradas" decía mientras otros como Lilian Thuram, mundialmente conocido por su activismo contra la segregación y el racismo, pedía realizar "una profunda reflexión" para entender las causas de tanta desafección e intentar resolverlas a traves del diálogo y la seducción.

No hubo debate alguno y la fractura persistió en 2008, cuando Francia recibió la visita de Túnez, otra antigua colonia norteafricana, igual que Argelia y Marruecos. De nuevo, los franceses de ascendencia tunecina rechazaron el himno nacional francés. Sin embargo, esta vez intervino la política y el problema social se agravó en nombre de la bandera. El entonces primer ministro francés, François Fillon, pidió suspender los partidos cuando "se falte al respeto a toda la nación". ¿A toda? De eso mismo se quejaban los aficionados franceses de ascendencia magrebí en unas muestras que coincidieron con las revueltas, en otoño de 2005, de la banlieue en muchas capitales galas, no podían sentirse franceses a pesar de serlo porque el Estado les olvidaba demasiado a menudo.

La brecha social y económica no paró de crecer y la decisión de Nicolas Sarkozy, entonces presidente de la República, de prohibir por ley pitar al himno francés antes de los partidos de la selección acabó con los abucheos pero no con el malestar social en un país en el que valores libertad, igualdad y fraternidad se entienden cada vez menos.