Koke Suárez Simeone Griezmann AtléticoGetty

"La mesa chica"

Cholista, y a mucha honra ahora que no se lleva, uno desea que el corazón engañe a los ojos. La vertiente más emocional, que tiene memoria, sentencia: el drama era arrastrarse por Segunda y no esto, Simeone es lo mejor que le ha pasado al Atleti, el club vive la mejor década de su historia, aún queda temporada por delante, el cholismo trasciende cualquier duda, el que no crea que no vaya al estadio y si se cree y se trabaja, se puede. Si caigo, combato y me levanto. Si protesta el corazón, queda la última bala de la experiencia: tras diez años de cholismo ilustrado, el equipo de Simeone, a la tremenda, siempre ha sabido salir ileso de cualquier adversidad, contratiempo, crisis o trance. Siempre ha sobrevivido a sí mismo, a las malas rachas, al odio indisimulable del enemigo e incluso a los que llevan años pidiendo la cabeza del Cholo porque creen que Indi, Doña Rogelia, Pastoriza, Rubén Uría, Petón o Gonzalo Miró lo harían mucho mejor. Durante estos diez maravillosos años, el Atleti siempre se ha levantado para regresar al combate. Siempre. Por eso, al corazón uno le pide que engañe a los ojos porque, en las malas, el Atleti no se entiende, se siente.

Luego están los ojos. Lo que dice el campo, que es un equipo anémico de confianza, roto por el eje, invertebrado sin motivo e irreconocible. Cromos caros en vez de equipo. Egos en vez de huevos. El verde no miente: un portero que no para, una defensa que no defiende, un centro del campo que ni domina el centro ni se come el campo y una delantera que ya no es lo que era. Lo que el ojo sí ve es un grupo superado, un líder en graves apuros, un campeón que se ha dejado ir, una máquina de competir convertida en un engendro a golpe de imperdonable relajación. En seis meses, de campeón a grupo de camisetas andantes. Los ojos ven que ya no hay mirada del tigre, que la porquería sale a flote, que algunos están alimentando el rumor más viejo que el hilo negro, el de la cama, y que el señor que siempre encontraba soluciones esta vez no las encuentra. Simeone cree en el grupo, pero en el campo, a veces, no lo parece. Y el grupo dice que está a muerte con el Cholo, pero en el campo, a veces, lo disimula. Y como a uno le pagan por contar lo que ve y no por apasionarse, aquí no hay ni trampa ni cartón. Los partidos pasan, los errores se repiten, la gangrena crece, nadie amputa y todos sabemos qué pasa cuando el Atleti huele a miedo



Al corazón le pido que engañe a los ojos, le pido un entrenador que se rebele, que lidere, que ponga a los que están en forma y que entienda que el cholismo está por encima del equipo e incluso de él. Al corazón le pido que engañe a los ojos, le pido un portero que ataje, una defensa que vuelva a tener pierna dura, un centro del campo serio y una delantera que no juegue para su gloria personal. Al corazón le pido que engañe a los ojos, que permita a la afición querer al equipo cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesita. Al corazón le pido que engañe a los ojos de los atléticos para estar a la altura y tener memoria, porque el equipo necesita creyentes que lo sigan siendo incluso cuando se deja de creer. Al corazón le pido que engañe a los ojos y al entrenador le pido que resuelva el asunto como lo hace la familia Simeone. Con " la mesa chica”. A sentarse cara a cara, a confesarse a tumba abierta, a decirse las verdades, a poner cara de culo y a escucharse por más que duela, para encontrar soluciones. “Mesa chica” o rendición. El resto no tiene más ciencia que aquello que le decía Bruce Willis a Damon Wayans: el agua moja, el cielo es azul y las mujeres tienen secretos. 


Rubén Uría

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