Opinión GOAL: Isco, el crack que se acostumbró a mirar al suelo

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Ante CSKA, el mediocampista ofensivo del Real Madrid terminó de sentenciar su situación: desmotivado, caminando y hasta con algún gesto a la afición.

El secreto de los cracks no es cuando tienen el balón en los pies. Es otra cosa, es otro su juego. La fórmula está en tomar la pelota en lugares en los que pueden hacer daño. Moverse entre líneas, sigilosos, con la idea de sacar diferencia de los espacios. En eso, Isco es uno de los mejores. No corre mucho, pero corre bien. No es rápido de piernas, pero sí de cabeza. Porque el hecho de no quedarse nunca quieto lo hace encontrarse a situaciones de peligro. Desmarcado, más libre de lo normal. Tiene intuición, símbolo de la circulación y el buen juego. 

Pero el jugador que se vio ante el CSKA, en la dolorosa derrota del Real Madrid en el Santiago Bernabéu, es uno muy diferente. Isco, en una temporada en la que se encontró con un entrenador -Solari- que no lo tiene como prioridad, es el crack que se acostumbró a mirar al suelo. La sensación que deja es que no parece tener muchas ganas. Cuando la pierde, camina más de lo que corre para recuperar el balón. Cuando la tienen sus compañeros, se acerca como opción de pase de una manera lenta. Cuando tiene el balón, se desprende rápido y casi no arriesga. Todas sus jugadas son más bien previsibles, fáciles de leer por los rivales.

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Isco se mostró más bien indiferente a lo largo del juego, salvo en una jugada en el complemento, cuando se retrasó demasiado y desaprovechó una jugada de gol. La afición que estaba atrás de la portería no dudó en recriminarle la lentitud. A él le salió del alma responder con un gesto de enojo. "¿Y qué quieres que haga?". Después de eso, el Bernabéu lo pitó un par de veces.

En una línea de tres mediocampistas, Isco se dejó arrastrar por un paso cansino del Real Madrid, con otros dos volantes (Llorente y Valverde) muy lejos de querer asociarse. Fue el segundo jugador que más pases dio (detrás de Valverde) y 69 de 81 fueron en el campo contrario, pero careció de peso. Dio la sensación de que nunca haría nada diferente, nada especial (además de mostrarse no del todo bien físicamente).

El fútbol es, a la larga, como la vida. Cuando uno se siente bien y tiene ganas, se lleva el mundo por delante. Pero cuando las cosas empiezan a salir mal, se percibe como una idea de que el aire lo aprieta, que las cosas no se arreglan. Isco es de esos jugadores influyentes al contexto. Necesita sentirse importante para jugar bien. Precisa creerse especial. En este equipo, no es feliz. Es el crack que se acostumbró a mirar el suelo. 

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