Historias del Clásico: Romerito, jugar uno con jet-lag

1 de abril de 1989. Día de elecciones en el FC Barcelona y de ‘Clásico’ ante el Real Madrid en un momento delicado para la institución. Nuñez tenía miedo de no salir reelegido presidente y Cruyff afrontaba su primer partido como entrenador, ante el gran rival, y obligado, porque los blancos de la Quinta del Buitre tenían 3 puntos más y un partido menos disputado. 

Pero lo curioso, es que aquel 1 de abril de 1989, el protagonista no fue el presidente ni el entrenador, sino alguien que saltó al césped para jugar el Clásico anónimamente vestido de futbolista azulgrana: Romerito.

En la semana previa a aquel partido, cualquier detalle podía marcar diferencias y Cruyff decidió afrontar como una final en toda su dimensión, por lo que no dudó en tomar cargo y realizar una inesperada operación de mercado. Lesionado Bakero, convenció a la directiva de contratar un refuerzo de urgencia que pudiera otorgarle más soluciones ofensivas. Pidió primero a Enzo Francescoli, pero no cuajó. El fichaje, que hay que entender desde la falta de información de la época y desde el desconocimiento global que suponía cualquier futbolista que no tuviera un entorno mediático acentuado, acabó siendo el paraguayo Julio César Romero, más conocido como Romerito y apodado por la prensa catalana de inmediato como ‘Romerito Superstar‘.

Acabó un partido en Brasil, lo llamó la directiva, lo metieron en un avión de madrugada informándole que lo fichaba el Barcelona y, sin querer marcharse de su club, cerraron la operación. Sólo entrenó un día con su nuevo club y, en apenas 48 horas, Romerito había pasado de ser el icónico capitán del Fluminense que buscaba empezar bien el campeonato carioca, a convertirse en el fichaje desesperado de un Barcelona desnortado que buscaba un golpe de efecto milagroso ¿Un futbolista cansado, agotado, sin ritmo, desconocido para todos y jugando un Clásico donde el Barcelona tenía que ganar sí o sí? La sorpresa fue aun mayor cuando Cruyff lo sacó de titular y quitó a Lineker del once. 

Romerito acabó admitiendo años después que jugó con Jet Lag, que no conocía nada de sus compañeros y que hasta Cruyff le dio, antes de saltar al césped, un botín viejo, ya usado, que siempre había sido de suerte para el holandés.

El partido acabó 0-0, el Real Madrid ganó aquella Liga, Romerito marcó solo un gol esa temporada y fue azulgrana durante sólo 40 días, pero aun hoy asume que “tenía que arriesgar pero si hoy me dicen que puedo volver a elegir… no habría ido allí”.

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