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Golpe de estadio, la película que frenó la guerra por un partido de fútbol

Nuevo Texas es de esos típicos pueblitos apartados de Colombia. Inmerso entre montañas, frondosa selva y alejados de la civilización. Es allí donde se desarrolla una historia llena de amores, odios, guerra, fútbol y paz.

Un día, como cualquier otro. Ambos bandos se enfrentaron por el control de una torre de comunicaciones. Unos querían derribarla para dejar aislado al poblado, los otros, defenderla a toda costa para no interrumpir el desarrollo del pueblo.

Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, en Buenos Aires, Diego Armando Maradona hacía alarde de su condición de ídolo de la Selección albiceleste y despreciaba la calidad de los colombianos diciendo "Argentina arriba, Colombia abajo, nunca seremos un clásico". Días después se jugaría el partido entre ambos países por las eliminatorias al Mundial de Estados Unidos 94 en el Monumental.

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De regreso en las selvas de Colombia, en Nuevo Texas, las cosas estaban cada vez peor. Como resultado de los combates, se dañaron los televisores que transmitirían el partido entre argentinos y colombianos, y no quedó otra que hacer una tregua y ponerse de acuerdo para ver el encuentro, con el cura como mediador entre los bandos.

El resto de la historia ya la conocen... Colombia goleó 0-5 a los argentinos en su propia casa. Maradona se tuvo que tragar sus palabras y terminó aplaudiendo al equipo de Francisco Maturana. En Nuevo Texas, la guerra entre guerrilleros y policías continuó. No sin antes hacer un alto en el camino para ver el partido y celebrar a ritmo de cumbia y aguardiente, el triunfo más importante de Colombia en eliminatorias.

Así, muy parecido a la realidad, se llevó a cabo esta historia de ficción llamada Golpe de Estadio, dirigida por el cineasta Sergio Cabrera en 1998. Mostrando que el fútbol es capaz de todo, desde generar los odios más profundos, hasta reconciliar y olvidar las diferencias del prójimo, al menos por un momento. 

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Y es que en la película de Cabrera, más allá del tinte popular y nacionalista que le imprimió, lo que deja es un mensaje de que si hay algo en común, todo se puede lograr. En este caso el fútbol venció las diferencias, esas mismas que a veces, generan violencia.

La magia de este filme está en que el fútbol, como deporte rey, o según algunos, el más hermoso del mundo, hizo que la guerra hiciera una pausa y le diera espacio a la reconciliación, esa misma que varias generaciones de Colombia no conocen en la vida real y que gracias a esta película, se puede pensar en que algún día, todos tendremos puesta la misma camiseta, la de la paz.

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