Raúl GarcíaGetty

Esto es lo que... ¡ay!

Hace más de 50 días que el Athletic Club no gana un partido de fútbol. Son 8 jornadas consecutivas en las que los leones combinan igualadas con descalabros, comenzando ya a perder ese cierto colchón del que gozaban con respecto al pelotón de los torpes de esta temporada.

Los empates dejan fríos a quienes siguen al conjunto rojiblanco, pero las últimas dos derrotas (Real Madrid y Sevilla) –choques en los que los de Marcelino han disfrutado de sustanciosas ocasiones de cara a gol– están retratando la impericia de la plantilla ante la meta contraria. No son pocos los analistas que, al igual que el técnico del Athletic, comienzan a despachar el asunto como una cuestión de mala suerte. Como si la repetición de un mismo hecho pudiera atribuirse al mal fario o al azar, en lugar de tener que ver con las capacidades de quienes debieran proveer al equipo del bien más preciado en el fútbol, el gol.

Quienes quieran, y puedan, pujar el próximo verano por Erling Haaland, no pondrán sobre la mesa más de 100 millones de euros por su potencia ni por su capacidad de condicionar el planteamiento defensivo del rival. Lo harán porque saben que aunque sus compañeros le envíen un lavavajillas al área, el noruego será capaz de alojar en las mallas lo que reciba. Un sábado, el domingo siguiente y los lunes que le toque jugar. ¿No falla chuts a puerta? Claro que los yerra. ¿No manda balones al palo? Como todos. Pero entre col y col, ofrece una lechuga. Y lo hace a menudo.

Hace falta retrotraerse casi cuatro décadas para encontrar un Athletic tan pírrico en la producción goleadora. Hay que subirse al Delorean, marcar en el dispositivo el 23 de diciembre de 1984 y plantarse así en la fecha 17 de la liga 84/85. Entonces, con los mismos partidos disputados que en esta campaña, los de Clemente solamente habían perforado el marco rival en 12 ocasiones, por las 13 de ahora. Si el balance actual es de 13 a favor y 12 en contra, el del último mes del 84 era de 12 a favor y 13 en contra. El Athletic ocupaba la décima posición, una más arriba que ahora. Sin embargo, aquellos leones fueron capaces de cercenar la sequía y en la segunda vuelta (las ligas eran de 34 jornadas) escalaron hasta la tercera plaza, merced a los 27 tantos más que aportaron hasta el final de la competición liderados por Dani y Julio Salinas con 8 dianas por cabeza.

El Athletic de Marcelino no ha podido anotar 3 goles en un partido ni una sola vez en 17 jornadas, cuestión que tampoco han logrado sólo dos equipos más de Primera: el Mallorca y el Alavés. Que los leones se desangran en ataque por su incapacidad anotadora lo refrenda el hecho de que en 7 encuentros no han visto puerta y en otros 7 solamente lo han conseguido hacer en una ocasión. Un gol o ninguno en 14 de los 17 partidos disputados.

No es serio hablar de mala suerte cuando el sostenimiento en el tiempo de unos guarismos tan paupérrimos hablan a las claras de qué carece esta plantilla. La suerte –tan distinta, por cierto, según quién la defina– es efímera y cómoda de abrazar; la terca realidad, sin embargo, se muestra silente pero tranquila, porque se sabe conocedora de que refleja los hechos, gusten estos o no.

El Athletic podrá quizá ir presentando unas cifras algo mejores que las que tiene, pero que nadie espere una eclosión realizadora exuberante porque para eso no hace falta una mejor suerte sino contar con goleadores. Mientras ¿surgen?, esto es lo que... ¡ay!

Lartaun de Azumendi

Anuncios