Ruben Uría Blog

El regreso de Messi y el imperio de los disparates

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Desde que Goal informase en el pasado 24 de enero,que Messi regresaba a la selección argentina, se han sucedido una catarata de rumores, embustes, patrañas e historias para no dormir acerca de los motivos del diez. El genio de genios, al que Argentina no le ha dado nada cuando él la ha liderado siempre, llevándola a tres finales, le han pagado su decisión con la falsa moneda, como si su amor por la patria estuviera en cuestión. Como si su retorno tuviera truco. Como si volver al lugar en el que quiere estar fuera un crimen intolerable. Se ha dicho, con tanta mala baba como pésima puntería, que jugará contra Venezuela por exigencias de un presunto contrato, que tiene que jugar como mínimo unos minutos por temas comerciales, que Adidas le presiona para jugar, que tiene desgaste emocional y que si la abuela fuma. La realidad es que el crimen intolerable de Messi tiene una explicación sencilla: es el capitán del equipo, el líder natural del seleccionado, quiere jugar la Copa América y aunque está en mitad de sus objetivos personales, Liga, Champions y Copa, a Messi le tira su país más que su propio beneficio. Y de propina, para que tomen nota sus fiscales de pacotilla, cabe añadir que Lionel está haciendo ese esfuerzo incluso a pesar de su propia salud, ya que arrastra una sobrecarga en el pubis desde enero, lo que le hace sufrir molestias esporádicas cuando entrena o juega. Como decía Schuster: “No hace falta decir nada más”.

Eso sí, como algunos badulaques de la (des)información siguen instalados en el imperio de los disparates y la cantinela de la mentira por bandera, conviene rebatir cuentos chinos con sentido común. Dicen que tiene un contrato que le obliga a jugar diez minutos por temas comerciales. Hay que ser tonto a las tres y también un rato después. Hay quien sostiene que es la AFA la que presiona a Messi para jugar. La AFA, dicen, la AFA. Que tendría que limitarse a besar el suelo por donde pisa su mejor jugador que, incluso en mitad de la competición y con molestias físicas, se expone a volver cuando lo mejor para sus intereses sería borrarse. Hay quien mea fuera del tiesto diciendo que Adidas obliga a Messi a disputar un partido por un tema contractual. Como las mentiras tienen las patas muy cortas, basta con formular una pregunta: ¿alguien en su sano juicio puede creerse que Adidas presione a Messi, su activo estrella, para un partido? Hay que ser muy burro para creerlo y más para publicarlo. Y si todavía hay alguien que duda, hay por ahí algún descerebrado que sigue sosteniendo que Adidas presiona y está detrás de su regreso a la albiceleste, que tire de hemeroteca. En el pasado mes de noviembre, la firma deportiva, patrocinadora de Messi, organizó la Copa Adidas. Se trataba de dos partidos, los días 17 y 20. Si existía alguna obligación contractual, Messi debería haber jugado esa competición. ¿Saben qué pasó? Pues muy sencillo. Messi no disputó ni un solo minuto. No fue.

Alexander Pope dijo en cierta ocasión: “El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la primera”. Hace años que con Messi hay barra libre de embustes. Nada nuevo bajo el sol. Le han condenado a tener que sobrevivir en el imperio de las mentiras. Lo realmente enfermizo del asunto, lo que ya alcanza categoría de “Expediente X”, es que el procedimiento se repite en el tiempo: hay quien vive de inventar sobre Messi de manera reiterada, engordando rumores y polémicas de todo a cien. Gente con una habilidad enorme para inventar y una torpeza infinita para contrastar. Si alguien tiene ese presunto contrato que obliga a Messi a jugar, que lo saque. En caso contrario, convendría que depositen sus teorías ridículas y sus supositorios de infamia en el cuarto de baño y antes de salir, tengan la delicadeza de tirar de la cadena. La salud de la selección argentina lo agradecería. El periodismo también. Es una cuestión de simple higiene mental.

Rubén Uría

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