Ruben Uria BlogGoal

El perdón no puede tener colores

Ni el hincha número uno del Sevilla FC podría justificar la desafortunada fotografía que corrió como un reguero de pólvora por las redes sociales, porque hacerlo implicaría tener una bufanda por cerebro. Ni el más sevillista de la ciudad podría negar que, con la ciudad debutando en plena Fase 2 de desescalada, no se entiende que Banega, Ocampos, Mudo Vázquez y De Jong cometiesen un acto tan irresponsable, excediendo el número de personas permitidas para reuniones en Fase 1, pasándose por el forro las medidas de distancia social y otras recomendaciones de Sanidad. Y ni el aficionado más recalcitrante de Nervión podría dejar de reconocer que los jugadores se merecen una reprimenda pública y una severa multa económica por haber tenido una falta de sensibilidad alarmante, en tiempos de pandemia mundial, dejando mal a su profesión cuando el horno no está precisamente para bollos.

No hace falta ser el más sevillista del mundo para reconocer que los jugadores pidieron perdón de inmediato, sacando la pata de donde la habían metido. No hace falta ser más sevillista que Monchi para reconocer que estos jugadores han sido pésimos relaciones públicas de sí mismos, haciendo un flaco favor a una institución centenaria y una afición entregada, que no necesitan una publicidad así de negativa. No hace falta tener el carnet de los Biris para reconocer que la reacción del Sevilla ha sido instantánea y modélica, condenando lo sucedido sin reservas y asumiendo el error sin esconderse. Primero, instando a los jugadores a una disculpa pública. Segundo, responsabilizándose del caso, aunque el asunto ocurriese fuera de sus instalaciones o formase parte de la esfera de la vida privada de los jugadores. Y tercero, aplicando el régimen disciplinario a los infractores, con discreción y tocándoles el bolsillo, como suele hacer.

Dicho eso, también se puede no empatizar con el Sevilla y tener claro que el perdón no exculpa, pero sí atenúa y dignifica. También se puede no tener abono en el Sánchez Pizjuán y tener claro que sancionar deportivamente a estos jugadores no les perjudica sólo a ellos, sino también perjudica gravemente los intereses del Sevilla FC y sus aficionados, que no tienen culpa de lo sucedido. También se puede no ser sevillista y tener claro que cualquier linchamiento mediático resulta un insulto a la inteligencia del personal, porque atufa a doble rasero. No hace falta ser el hincha número uno del club hispalense para darse cuenta de que la cobardía que sobra para sacudir al Sevilla, es la misma valentía que falta para hacer lo mismo con los más poderosos en casos completamente idénticos. Si el perdón dignifica y cuenta, que sea igual para todos. Entre otras cosas, porque el perdón no tiene colores. O al menos, no debería tenerlos.    

Rubén Uría

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