Gavi Barcelona 2022-23Getty Images

El padre de todos

Pedri es un talento divino, un talento superlativo, un genio que destila perfume de fútbol de altos vuelos. Pertenece a la clase del fino estilista. Pedri es poesía en el Camp Nou. Gavi es el duro fajador, pura prosa. Es un motor insaciable capaz de pasar de cero a cien, un todoterreno imparable y un pequeño volcán en erupción. El de Los Palacios es un viejoven que presiona, rasca, pasa, conduce, marca y lidera. Puro espíritu combativo. Con apenas 18 años, Gavi responde a ese mantra cholista tan repetido: el esfuerzo no se negocia. El niño tiene pierna larga, rezuma raza y mete la cabeza donde otros retiran el pie. Por eso juega, siempre suma y se ha hecho un hueco en los corazones de los aficionados.

Y sí, Gavi hace faltas. Sí, cuando toca pegar, pega. Como lo hacía Casemiro, como lo hacía Gabi, con b. Como lo hacía Xabi Alonso. Domina ese registro. Como todos aquellos líderes que imponían su personalidad, marcando su territorio. Va al limite, sí. Atropella rivales, es un 'pitbull' insaciable, un coche de choque, un come-cocos con centro de gravedad bajo que no tolera el conformismo. De propina, con la pelota, tiene tanta clase como sin ella. Genera, distribuye, encara y 'habla' ese idioma Barça. Como el de la selección. Entre otras cosas, porque habla el idioma universal del fútbol. Se dijo que era un invento de la prensa catalana, una flor de un día, un caprichito de Luis Enrique. La verdad es que Gavi es un monstruo y acabará siendo en este deporte todo lo que su extraordinaria ambición le permita.

Más allá del perfil cholista de Gavi, que tanta admiración genera entre los que gustan de ese fútbol y del que tanto reniegan los estetas de este deporte, lo más destacable del andaluz es su personalidad. El chico es una anomalía. Algo que se ve cada diez años. En lo táctico, brilla. En lo emocional, lidera. Le tiraron la camiseta del Barça y lejos de quedarle grande, le quedó justa desde el primer día. Luego le tiraron la de España y le vino como anillo al dedo, porque su talla es la de los grandes. No se corta ni con la policía. Con apenas 18 años, ordena, manda, presiona, agita y revoluciona. Gavi es una suerte de general acorralado que juega cada partido como si fuera el último y que disputa cada balón dividido a muerte. Intensidad a prueba de bombas. No hay amistosos, ni días libres, ni pelotas imposibles, ni duelos a evitar, ni lugar para esconderse. Gavi siempre está. Acaba de cumplir los 18 y es una autoridad moral del club. Podría ser el hijo de algunos de la plantilla y se comporta como si fuera el padre de todos.

Rubén Uría

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