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Copa del Mundo

El fenómeno que no quería ser

7:00 GMT-6 24/11/22
Ronaldo Nazario
El aniversario del Mundial 2022 derivó en una particular revisión de la carrera de Ronaldo. Dos documentales ponen la mirada en la presión psicológica

Tenía el toque fino de la cara bien abierta del pie para ponerla justo al lado del palo, como Romario. Contaba con la destreza del que puede pasar las piernas por encima de la pelota una y otra vez para marear al rival, como Garrincha. Corría con la potencia del que pasa por arriba a los contrarios, como Pelé. Ronaldo Nazario reunía lo mejor de los mejores.

A los 23 años, cuando llegó al Inter tras un paso abrumador por el Barcelona, la prensa de Italia lo denominó "El Fenómeno". Un apodo coherente con su talento. Un apodo que nunca quiso.

En una revelación en El Fenómeno, el documental que DAZN estrenó en octubre de este año, Ronaldo confiesa que nunca le gustó el apodo, que no lo pretendía. "Un fenómeno no puede fallar goles, un fenómeno no se puede equivocar, un fenómeno no se puede romper", dice. Y mira a la cámara.

Porque Ronaldo se rompió. Se rompió las piernas, pero algo más también. En una entrevista con Marca, el brasileño confesó que hace más de dos años hace terapia psicológica para ayudarlo a repasar parte de su carrera, llena de gloria...pero también dolor.

Ronaldo, pelo enrulado, pasadísimo de peso, mirada sensible y algo seria, alejada de su habitual sonrisa, lo mira a Roberto Carlos, su gran amigo. "A esta altura creo que fue algo psicológico...que fue relacionado a la presión", dice en Bastidores do Penta (El vestuario del Penta), otro documental protagonizado por él y producido por Netflix, que recrea el último Mundial ganado de Brasil, en 2022, en base a los testimonios de los jugadores y un interesante material de archivo generado por el propio plantel del conjunto que dirigía Luis Felipe Scolari. 

Ronaldo se acuerda de la convulsión. Roberto Carlos, su compañero de cuarto, está seguro que le salvó la vida. Porque lo vio y, aunque al principio creía que estaba bromeando, luego percibió que la situación era complicada. Lo puso para un costado y evitó que se ahogara. La convulsión fue unas horas antes de la final del Mundial 1998 ante Francia. Ronaldo, que jugó igual, no aclara en ninguno de los dos documentales las razones por las que decidió involucrarse en el partido cuando unas horas antes podría haber muerto. Él dijo que se sentía bien. Los estudios lo ratificaron. Nadie lo quiso contradecir.

Tras la derrota, el gran héroe se convirtió en villano. Fue acusado de fingir la situación, de mentir, de no querer ganar. Hasta tuvo que exponer al Senado brasileño el caso que derivó en otro mar de hipótesis y teorías. ¿Por qué jugó?¿Lo obligó Nike, su patrocinador? ¿Estaba en condiciones físicas de jugar? 

2002, cuatro años después, terminó siendo el Mundial de Ronaldo. Jugó a la altura del Maradona de 1986, Pelé de 1958 o Romario de 1994. Ocho goles en siete partidos. Dos goles en la final. Pero, para llegar a ese punto, tuvo que sufrir. Y mucho. 

En 1999, una dura lesión en el tendón rotuliano derecho lo dejó afuera por seis meses. En el primer partido de su regreso, en un Inter-Lazio por la Copa Italia, tuvo la misma rotura pero agravada. Simeone dice que el ruido del 'crack' lo escucharon todos los jugadores que estaban ese día en el campo de juego. Varios médicos le dijeron que no podría volver a jugar al fútbol, que su rehabilitación debía estar destinada a vivir una vida más o menos decente fuera de las canchas. Pero él regresó al médico francés Gérard Saillant, el mismo que lo había atendido la primera vez. Y volvió, pero no sin sufrir: estuvo casi dos años sin jugar. A su regreso, ni su entrenador en el Inter, el argentino Héctor Cuper, confiaba en él (probablemente el mejor pasaje del documental de DAZN; esa extraña relación cuando quien probablemente sea el mejor jugador del mundo es menospreciado por un rígido y testarudo entrenador).

Luis Felipe Scolari dejó afuera a Romario pero apostó por él para el 2002. Tan acostumbrado a vivir con la presión y de que todos hablen de él, que su famoso corte de pelo para jugar las semifinales del Mundial, ante Turquía, terminó siendo una campaña de marketing brillante. El cambio hizo que los medios -y el mundo- hablaran de su nuevo look y no de la lesión en el aductor que no lo dejaba jugar en plenitud. 

Ronaldo, un tipo sencillo, festejó los goles como siempre. Brazos abiertos y una sonrisa. El tiempo -y el cuerpo- lo obligaron a cambiar su estilo de juego. El brutal delantero que pasaba a todos por arriba terminó siendo un definidor maravilloso. Un goleador de época. 

Aunque nunca lo quiso -ni lo pidió- Ronaldo terminó siendo un fenómeno. Pero, como su corte de pelo, su apodo terminó reluciendo un costado mucho más marketinero que verdadero. El brasileño, de 46 años, tiene una cicatriz enorme en la rodilla derecha y una serie de heridas que, como en cada una de sus rehabilitaciones, lucha por dejar atrás.

"Llevo dos años y medio de terapia y entiendo mucho mejor todo lo que sentí antes. Soy de una generación en la que te tiraban en la arena y tenías que hacer lo mejor sin la menor posibilidad de drama. Miro hacia atrás y veo que sí, hemos estado muy expuestos a un estrés mental muy muy grande y sin ninguna preparación para eso", dijo.