Por Jorge C. Picón - En una temporada de sustos, de vivir al límite, el Madrid ganó la liga rápido. No es bueno para la salud mantener al corazón expuesto a estrés demasiado tiempo. Además, el miércoles toca otra película de terror. El Espanyol no pudo oponer resistencia ante un equipo con un tanque lleno de confianza. Casemiro y Camavinga hicieron de centrales como si fuesen Lucio y Desailly, mientras que Rodrygo se disfrazó de Ronaldo Nazario. Vallejo volvió a sentirse futbolista y Ceballos, por su parte, tiene doble premio: una liga y una renovación. Todo por levantar la 35º. Mejor no esperar. No hay motivos para quitarse el gusto de un pasillo en el Metropolitano. No hay dudas de que a este Madrid le pegaba más ganarla en la última jornada, obligado a remontar y con gran parte de la plantilla lesionada. Pero no, hoy tocaba saltarse el mal rato y solo disfrutar.
Un nombre por encima del resto: Marcelo. El 'The Last Dance' del brasileño no puede estar quedando mejor. El Bernabéu gritó su nombre varias veces y soñó con un gol que no llegó. Le quedan un partido más, por lo menos oficial, en su casa, pero cuando te mudas después de 15 años, las primeras lágrimas llegan cuando empiezas a empaquetar. Le ha dado tiempo a llevarse un título más, y ya son 24. Va a tener que comprarse una casa muy grande allá donde vaya. Por lo menos, un poquito más grande que la de otra leyenda como Gento, al que ha superado por uno como el jugador del Madrid que más trofeos ha levantado de blanco. Si tuviésemos la suerte de que la Galerna del Cantábrico siguiese con nosotros, sin duda sería el primero en bajar al terreno de juego y felicitarle. De mito a mito.
El Bernabéu se levantó para días como este. Para llevar en volandas a estrellas, ovacionar a leyendas (se cantó el nombre de Modric, Benzema o incluso Cristiano), ver crecer a jóvenes promesas y dar cobijo a la cantera (hubo tiempo también para el debut Mario Gila). Pero, sobre todo, para levantar títulos. Ni jugadores ni entrenadores ni directivos están ni estarán por encima del escudo. Marcelo, al borde de su marcha, deja un legado imborrable: honor y respeto al club ante todo. Se va Marce. Es el fin de una era. Pero el Madrid debe seguir. Y cuidado: todavía queda la Champions...
