Ronaldo 1998Getty

Cuando el fútbol fue lo que menos importaba

Se había acostumbrado a divertirse. Adentro del campo, jugaba despreocupado, feliz. Afuera, se sacaba de encima la presión, como si fuera un grupo de estudiantes en un viaje de egresados. Era un equipo feliz. Brasil era una fiesta.

No había música en el ómnibus que dejaba la concentración y se dirigía al Stade de France, en París. Estaba todo dado para que la felicidad de ese equipo explotara en el momento en el que la cabeza de los jugadores vuela como nunca, el camino hacia el estadio. Pero sólo hubo silencio.

El día que España fue Barcelona

Francia salió a hacer el calentamiento al campo de juego y el estadio enloqueció. Pero, más allá de la efervescencia del equipo local, el mundo del fútbol esperaba a Brasil. Porque eran distintos. Porque tocaban la pelota como ningún otro plantel. Porque estaban Rivaldo, Edmundo, Bebeto, Leonardo. Y Ronaldo. Pero ese día, la Verdeamarela no salió a dar el espectáculo que acostumbraba a regalar. El conjunto de Mario Zagallo hizo los trabajos competitivos bajo las gradas del estadio. Todavía duraba el silencio.

Los periodistas que estaban en el estadio se mostraban desorbitados: ¿era un error que Ronaldo no estuviera en la planilla oficial como titular de Brasil? Unos minutos después, llegó lo que para ellos no era más que una simple corrección. Pero, en realidad, era mucho más que eso: se trataba de una especie de revolución en el corazón del plantel. El atacante tenía que estar, más allá de que el cuerpo técnico y médico le sugerían que no lo hiciera. El Fenómeno quería estar, pese a que el día anterior, en la concentración, había sufrido un extraño episodio de salud que alteró la tranquilidad del equipo.

"¡Ronaldo se muere! ¡Ronaldo se muere!". Roberto Carlos, compañero de cuarto del delantero, corría desesperado por los pasillos del hotel. Miraban una carrera de Fórmula 1, acostados en la cama, cuando el Fenómeno cayó al piso, sin reacción. Así describió la secuencia Edmundo, uno de los que llegó más rápido a la pieza: "Corrí a su habitación y vi a Ronaldo retorciéndose en el suelo; se golpeaba los brazos contra las piernas, y de su boca salía espuma. Hacía un ruido muy extraño, como de querer respirar y no poder. Llegó Cesar Sampaio, agarré fuerte a Ronaldo y él le sujetó la lengua. Un segundo después llegaron los médicos".

Ronaldo 1998Getty

Después de ser reanimado, tras unos minutos en los que estuvo inconsciente, el delantero fue trasladado al hospital. Se le hicieron todo tipo de estudios, cardíacos y neurológicos. No se le encontró ninguna anormalidad. Pero, parecía claro, no era para nada recomendable jugar una final de un Mundial después de sufrir ese shock. Esa noche, en la concentración de Brasil todos estaban seguros de que el gran símbolo del equipo no estaría.

Casi nadie hablaba del francés Zinedine Zidane antes de la final del Mundial de 1998. La gran figura del torneo era Ronaldo, no había dudas. Había hecho cuatro goles (uno a Marruecos, dos a Chile y otro a Holanda, en las semifinales). Estaba todo servido para que fuera el rey. El día del partido, 12 de julio de 1998, el Fenómeno todavía se sentía mal. Pero, según contaron sus propios compañeros, estaba determinado a jugar.

Todo cambió para la Selección de Brasil. El fútbol dejó de ser un juego. A la fiesta le prendieron las luces y le apagaron la música. Los compañeros de Ronaldo, sus amigos adentro y afuera de la cancha, no podían jugar tranquilos. “Cada vez que le tocábamos la pelota a Ronaldo, o lo veíamos en el campo, temíamos por su vida. No podíamos dejar de tenerlo en la mente todo el tiempo. Era una sensación generalizada de pánico”, aseguró César Sampaio. La final del Mundial, el partido más importante para cualquier jugador de fútbol, pasó a ser lo de menos. Hubo un choque entre el delantero y el arquero francés, Fabien Barthez, por el que el brasileño quedó en el piso boca abajo durante varios segundos. Al final, se levantó y continuó en el partido. "Estábamos más preocupados por la salud de Ronaldo que por el juego. ¿Qué hubiera pasado si se moría ahí? Todo cambió porque un colega, un amigo, casi pierde la vida. Fue una escena horrible. Si pudiera volver atrás el tiempo, intentaría cambiar esa noche", explicó Junior Baiano, otro jugador del equipo de Mario Zagallo.

Nunca hubo explicaciones precisas sobre lo que pasó. El relato de Ronaldo, unos días después del partido, no terminó de aclarar las cosas: “Tuve un miedo terrible. Perdimos el Mundial, pero yo gané otra copa, la de la vida. No recuerdo bien, pero me fui a dormir y luego, como dijo el doctor, tuve un ataque de convulsiones que duró 30 ó 40 segundos. Luego desperté y me dolía todo el cuerpo, pero con el tiempo el dolor fue disminuyendo y pude relajarme un poco. Podría haberme acobardado, pero tras ese problema decidí jugar y salí al campo de juego para ayudar al equipo".

En febrero de 2012, Bruno Carú, uno de los médicos que le realizó un cardiograma a Ronaldo tras el episodio, dio su versión de los hechos para un programa italiano: "Ronaldo estaba en la cama siguiendo una carrera de Fórmula 1 y una inclinación artificial del cuello comprimió el glomus carotídeo, un órgano secretor responsable de regular el ritmo cardíaco y la presión arterial. La frecuencia cardíaca tuvo una caída que le provocó el desmayo y las convulsiones". Y agregó: "El electrocardiograma realizado en el hospital reflejaba un ritmo cardíaco de 18 latidos por minutos, lo que significa que durante ese período no había tenido prácticamente ninguna actividad eléctrica ni mecánica en el corazón".

La respuesta de Ronaldo no tardó en llegar. En su cuenta de Twitter, el Fenómeno salió al cruce:  "Lamento que catorce años después haya oportunistas buscando espacio en los medios con polémicas sobre la final del Mundial de 1998". Fue una especie de cierre para un episodio que hasta hoy gira en torno al secreto. Lo que pareció evidente fue que sus compañeros, como nunca había pasado, dejaron -por lo menos en sus cabezas y sentimientos- a la pelota en el segundo plano. Mañana, Brasil y Francia volverán a verse las caras en el mismo estadio. Será imposible no acordarse que aquel día de la final, el Fenómeno estuvo lejos de ser un fenómeno. La herida de ese traumático episodio terminaría de cerrar recién cuatro años después, cuando Ronaldo sí fue el rey del mundo.

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