El fútbol gira cada vez más en torno al dinero. Los inversores de capital riesgo, en particular, ganan protagonismo. Las compras del AC Milan, el Chelsea y el Olympique de Lyon muestran que ven el fútbol como un mercado atractivo en crecimiento.
En la sección «Cleats & Cashflows» analizamos esta evolución. ¿Qué oportunidades ofrece esta tendencia a los clubes? ¿Y qué riesgos conlleva?
Este es el tercer episodio de nuestra serie sobre el Inter. En el anterior explicamos cómo el club emitió bonos, refinanció su deuda y creó estructuras de financiación cada vez más complejas para regresar a la cima del fútbol italiano. Ahora analizamos qué sucedió cuando esa estructura comenzó a desmoronarse.
El punto de inflexión
La caída de Suning no fue repentina: comenzó cuando China redujo sus inversiones en el fútbol y se aceleró por la pandemia.
En 2020 aparecieron las primeras grietas, que llevaron a la posterior venta a Oaktree. Suning fue uno de los conglomerados chinos golpeados por problemas internos, la crisis inmobiliaria, la pandemia y la reducción de deuda empresarial. Compañías que habían crecido con dinero prestado vieron reducirse de golpe su margen financiero.
Además, sus actividades minoristas ya estaban bajo presión: el grupo perdió unos 3.900 millones de yuanes (490 millones de euros). Apoyar al Inter se volvió insostenible, así que el club buscó financiación externa.
El préstamo de Oaktree
Oaktree, gestora internacional especializada en empresas en dificultades, concedió a Suning un préstamo de 275 millones de euros en mayo de 2021. El interés era del 12 % y el plazo, de tres años. El dinero se otorgó a Grand Tower S.à r.l., la sociedad luxemburguesa que controlaba el Inter.
Al ser el holding el deudor, la deuda y sus intereses no aparecían en el balance del Inter. Como garantía no se usaron los jugadores, los ingresos del estadio u otras operaciones del club, sino las acciones del holding. Si Suning no devolvía el préstamo, Oaktree se haría con la controladora y, por tanto, con el Inter.
Destacan dos aspectos: el interés, del 12 %, muy superior al de los bonos anteriores del Inter, reflejaba el mayor riesgo para Oaktree. El pago no dependía de los resultados del club, sino de la capacidad de Suning para refinanciarlo, venderlo o conseguir nuevo capital.
Además, su corto plazo de vencimiento de tres años complicaba las opciones. Sin un plan claro de refinanciación, solo había dos escenarios posibles: Suning vendía el Inter para amortizar el préstamo o Oaktree asumía el control del club.
En 2022 la presión creció: Inter Media & Communication refinanció bonos con un nuevo préstamo de 415 millones al 6,75 %, y la situación financiera de Suning en China empeoró. La venta del club parecía la única salida.
El fallido proceso de venta
En septiembre de 2022, la familia Zhang contrató a Goldman Sachs para buscar un comprador, con un precio de venta cercano a los 1.200 millones de euros. Más tarde, el Financial Times añadió que Raine Group también participaba en el proceso.
El objetivo era claro: vender el Inter a un precio que permitiera amortizar el préstamo a Oaktree, que Suning recuperara en gran medida su inversión y, si era posible, obtuviera además beneficios.
Sobre el papel, el Inter seguía siendo atractivo: uno de los clubes más grandes de Italia, con alcance mundial, ingresos en aumento, dos títulos en cuatro temporadas y la final de la Liga de Campeones de 2023.
Sin embargo, la deuda con Oaktree crecía rápido por los altos intereses y el mecanismo de «pago en especie» (PIK), que sumaba intereses al principal.
Fuera del club tampoco había motivos de optimismo: los ingresos por derechos televisivos italianos crecían poco y el Inter no tenía estadio propio, pues compartía San Siro con el AC Milan bajo propiedad municipal. Para los posibles compradores esto significaba menos oportunidades de generar valor añadido a través de los inmuebles o la explotación del estadio.
Los inversores no veían un club saneado, sino una entidad muy endeudada, con pocas perspectivas de crecimiento, sin control sobre el estadio y unos costes aún inflados por años de fuertes inversiones deportivas. Hubo interés, pero ningún comprador formal.
El acreedor toma el control
Tras el fracaso de la venta, Suning intentó refinanciar la deuda con PIMCO, pero el interés seguía siendo muy alto. Aunque hubiera salido adelante, solo habría aplazado lo inevitable: la venta o la cesión forzosa del club.
El préstamo de Oaktree mostró lo rápido que crecen las deudas onerosas: al vencerse en mayo de 2024, los 275 millones iniciales se habían disparado a 395 millones por el efecto PIK, cifra que Suning no pudo pagar.
Además, la valoración de su participación del 68,55 % cayó de 586 a 148 millones de euros, lo que suponía reconocer la pérdida casi total del valor para los accionistas. El club seguía siendo prestigioso y atractivo a nivel mundial, pero la deuda había reducido casi a cero su valor para los accionistas.
El 22 de mayo de 2024 Suning no pudo pagar, así que Oaktree ejerció la garantía y tomó el control del club. No fue una compra habitual: la propiedad pasó a un acreedor que cobró su deuda.
La deuda no solo alimentó las ambiciones deportivas del Inter, sino que acabó decidiendo quién se haría cargo del club.
Conclusión
Suning no perdió el Inter de la noche a la mañana: el control se fue desplazando a través de la estructura financiera, primero hacia los tenedores de bonos y, finalmente, hacia Oaktree. Cuando este exigió sus garantías en mayo de 2024, el desenlace era ya inevitable.
En la próxima entrega, a principios de agosto, analizaremos la etapa bajo Oaktree: ¿cómo gestiona un inversor especializado en deuda de crisis uno de los mayores clubes de Europa? ¿Y cómo puede el Inter pasar de un crecimiento endeudado a un modelo sostenible?


