Sebastian Battaglia Boca Patronato Torneo Liga Profesional 21082021Getty Images

Boca y una mirada táctica del empate con Lanús

Los primeros 15 minutos de Boca mostraron el potencial que tiene conformar un equipo repleto de jugadores ofensivos. El xeneize se paró alto, tuvo a los centrales anticipando constantemente a la espalda de Pol Fernández y desde ahí se consiguió el dominio territorial contra Lanús. Esa voracidad simplificó el juego de Oscar Romero y Juan Ramírez, quienes constantemente tenían opciones de pase por delante para darle continuidad al juego, saltar líneas o provocar diferentes alturas con cambios de frente. A su vez, durante ese lapso, tanto Sebastián Villa como Exequiel Zeballos recibieron con ventaja, emparejados con solo un defensor, y con la chance de explotar su capacidad de desequilibrio individual.

¿Cuándo juega Boca?

La confianza brotó y Boca le sacó provecho para ponerse en ventaja. Villa lo demostró con un gran control orientado, una salida limpia ante la presión y con un remate que en otro momento no hubiera intentado. Sí, el desvío lo favoreció y sacó de eje al arquero Monetti a la hora de evitar el gol; pero más allá de la finalización de la jugada, lo importante pasó por lo mental y cómo todos los jugadores se contagiaron de buenas sensaciones. 

¿Y por qué Boca no pudo darle continuidad a ese nivel? La lesión de Ávila fue la primera carta que provocó que el castillo se derrumbara. El defensor bajó en su intensidad por una molestia física y eso produjo que la dupla central dejara de romper de manera coordinada por detrás de los volantes. Pol Fernández, más allá de su técnica e inteligencia, no deja de ser un futbolista que está improvisando en un puesto que todavía no hizo propio. Lanús empezó a atacar a su espalda y cambió el paradigma del partido. La visita llegó al empate y lo anímico terminó por romper a un xeneize que apenas amagó a una reacción sobre el cierre del primer tiempo.

La salida de Oscar Romero reconfiguró el equipo. No desde el esquema, que se mantuvo en un 433, pero sí desde las características. Sin el volante paraguayo Boca perdió el cambio de ritmo a través del pase. Apostó a tenencias más cortas, pero le faltó profundidad para hacerles efectivas. Se dejó de lado la opción de crear desde el centro y ahí aparecieron los vicios de siempre: la dependencia en exceso del posible desequilibrio de los extremos. Se jugó a que Villa y Zeballos generaran desde la gambeta, pero sin la ventaja ni la comodidad de aquellos primeros minutos. El xeneize cayó en un embudo, no tuvo frescura y terminó empatando un partido en el que otra vez perdió en el juego. No porque fuera superado, algo que casi nunca le pasó a Battaglia, si no por desperdiciar el potencial que tiene este plantel para desarrollar.

La palabra que define a Boca es irregular. El propio Sebastián Battaglia la utilizó en la conferencia de prensa posterior al empate con Lanús. Esta característica se podría justificar desde los constantes cambios de sistema y de intérpretes que ha tenido el equipo en este 2022. Pero eso sería solo buscar una excusa a un problema de fondo: la falta de movimientos mecanizados, el exceso de rigidez de las posiciones, el nulo trabajo sin pelota para los desmarques, y la falta de cohesión grupal para presionar ante la pérdida.

Anuncios