Barça: El que avisa no es traidor

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Ruben Uria Blog

Es inopinable. Existe una brecha– hace meses soterrada y ahora visible- entre los jugadores del Barça y su directiva. No es insalvable, pero existe. Y el asunto, lejos de ocupar un lugar secundario en el devenir del club, se ha instalado en el centro de la realidad deportiva, social e institucional de un club que presume de ser más que eso. A un lado, los culpables de haberle dado al Barcelona la mayor gloria que su historia recuerda, ganando un sinfín de trofeos que ya forman parte de la época dorada del club. Al otro, los que también han formado parte de esos éxitos – guste o no- , pero que de un tiempo a esta parte, solucionan problemas al mismo tiempo que los crean.

La advertencia de Gerard Piqué, que va sobrado de personalidad para no esconderse ni siquiera cuando el sentido común lo recomienda, no tiene marcha atrás. Uno de los pesos pesados alerta al barcelonismo, con luz y taquígrafos, de que el destino del club está en juego. El vestuario, por boca de Gerard, habla alto y claro, sin ambages. Saben descifrar los mensajes encriptados, saben leer las señales que aparecen en la prensa y tienen claro de dónde provienen diferentes recados a la carta. Y una de dos, o Piqué se ha columpiado ejerciendo de pirómano, apagando el fuego con gasolina, o el defensa azulgrana ha ejercido como portavoz y autoridad moral de un vestuario que se ha cansado de ser señalado como el gran poder fáctico de un club que hace años se ha alejado de un libro de estilo del que su directiva presume al tiempo que lo pisotea. El asunto tiene mal arreglo.

Habrá quien deduzca que Piqué le ha planteado un pulso al club, pero en realidad lo que ha hecho es certificar que, si no se ponen los medios para recuperar el sentido común, dialogar y recuperar la normalidad, lo que queda de temporada se va a convertir, entre sospechas y reproches, en el rosario de la aurora. Habrá quien crea que Piqué se extralimita en sus funciones, que amenaza a quien no debería y que, en realidad, sus palabras son la prueba irrefutable de que el poder concéntrico del Barcelona le corresponde a los jugadores. Y sin embargo, lo que realmente demanda Piqué es que el fuego amigo cese, que los trapos sucios se laven en casa y que los recaditos de andar por casa sean algo menos incendiarios.

En realidad, Piqué pide unidad. Hace meses que el club o no lo está o no lo parece. Lo primero no tiene solución. Lo segundo, sí. Y si no son capaces de unirse,  al menos, que disimulen. En caso contrario, se harán mal. Y la temporada se irá por el desagüe. Piqué, guste o no, ha expuesto una realidad cruda. O todos juntos, o todo acabará por pudrirse. El que avisa no es traidor.  

Rubén Uría

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