Lionel Messi Sergio Aguero Argentina Paraguay Copa America 19062019DOUGLAS MAGNO/AFP/Getty Images

Un equipito de fulbito acumulando duelos

Messi va para un lado y para otro, no se queda quieto. No busca desmarcarse, tirar una diagonal ni encontrar un hueco para picar al vacío. Lo mismo que debe haber hecho en el hotel, en la charla técnica en el vestuario y en el túnel antes de salir al Mineirao lo hace ya en el campo de juego. Abraza a Casco, lo palmea, le inyecta confianza para que la presión lógica de haber desplazado a un compañero (Saravia) le dure poco. La misma escena se repite con Pereyra, uno que entró más por cambio de sistema que por rendimiento.

Es el guía espiritual, el sostén mental de esta Selección, tanto para sus compañeros como para los -por ahora pocos- hinchas que, por inercia o turismo más que por pasión llegaron a Belo Horizonte: "Vine por él. Quiero verlo ganar a él. Y si no, al menos quiero ver fútbol". Gritaron su penal, para el resto, YouTube o paciencia. Es, también, el corazón de una maquinaria con arritmia. Intermitente, defectuosa, forzada. Es más que un equipo en transición. La mochila de las finales hay que tragarla, colgarla en el perchero y seguir.    

Tan anémico es este equipo argentino que Paraguay vio luz y fue. De contra, Derlis González casi le sacude la cueva a un Armani paralizado por el pánico desde Nigeria para acá, con el oasis del gran penal que -al fin- atajó.  

La inseguridad no solo entumece los reflejos y la toma de la mayoría de las decisiones del buen arquero de River. Lo persiguió 40 metros el Tucu Pereyra a Almirón. Tan tibia fue su compañía que lo dejó llegar al fondo y tirar el centro atrás para el 1-0. 

Los desconceptos argentinos contra una disciplinada pero mediocre selección paraguaya fueron una constante. Si Lautaro Martínez dejó en el banco a Agüero para hacer presión alta, colaborar en retroceso y además tener peso en el área, la apuesta no salió: en el PT, según datos de Opta, el de Inter no tocó la pelota dentro del área. Y pasados los 20 del ST lo sacó para poner a Di María. 

SOLO QUÍMICA

En una selección sin horas de trabajo, a veces las sociedades dentro de la cancha pueden fluir a partir de la química fuera de ella. Agüero-Messi mostraron algo de eso jugando al fulbito de potrero con algo de rebeldía. En ese ratito post 1-1, Argentina se reconcilió con sus emociones. Del 4411 al 4312 y, finalmente, al 4231 del final, con Kun bien de 9 y el tridente Di María, Messi y Suárez buscando soluciones.  

Como contra Nigeria, como contra Francia, el cuadro se repite: Argentina buscando la heroica, sin plan, suplicando un foul, un VAR, una pifia ajena o la genialidad de un 10 que ya no va de un lado a otro y termina el partido intentando zigzaguear entre cinco o seis a 45 metros de la meta. Servirá para viralizar alguna otra foto comparando cuán bien lo rodea Barcelona y cuán aislado lo deja Argentina.  

Tan poco competitiva es esta Copa América que una buena combinación de resultados en la última fecha le permitiría ser segunda o tercera. Como en el fulbito. El dolor y el duelo siguen ahí. 

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