Reinildo MandavaWeb oficial Atlético Madrid

Aquí las preguntas las hace la policía

Sucedió en Heliópolis. Bajó del cielo una pelota que caía con nieve, quiso controlarla con un delantero rival al lado y cometió un error infantil que, de no haber sido por el VAR, habría costado caro al Atleti. Error 404. Fallo en Matrix’. Fue la confirmación de que Reinildo Mandava, que no parece humano, sí lo es. Fue la excepción a su regla, porque su ley no escrita se ha grabado en piedra en el inconsciente atlético. En un equipo que aún duda, Reinildo es una certeza. En un equipo que busca ser roca en defensa, Renildo es granito. En un Atleti que vuela si es ‘cholismo’, a Reinildo le encanta el olor del napalm por la mañana. De haber nacido en la época de las cruzadas, habría defendido con éxito Jerusalén. De haber nacido texano, México jamás habría podido con la milicia en El Álamo. Y de haber formado parte del universo Tolkien, Reinildo habría bastado para defender el abismo de Helm. 

Los números no explican su dimensión, pero aportan contexto para medir su estatura. Es el primero de LaLiga en ‘tackles’, está en el ‘top’ de defensas con duelos ganados y también en cuanto a balones recuperados. Mientras los aficionados del Atleti se preguntan si Reinildo tendrá algún hermano gemelo, primo o familiar cercano que pueda jugar de lateral derecho, Simeone lo tiene claro. Como el campo no miente, en su Atleti juegan Reinildo y diez más. Si el contrario es rápido, Reinildo es un rayo. Si el rival es habilidoso, Renildo cuerpea. Si su par es potente, Reinildo se anticipa. Es el ‘Señor Lobo’ del ‘Cholo’. Si hay un ‘marrón’, él se lo come. Si el equipo cede, él resiste. Si el Atleti se agrieta, él sutura. Y si él se cierra, no pasa ni la humedad. Reinildo soluciona problemas mientras el Atleti se los crea. Convierte lo excepcional en rutina y despacha delanteros desde su oficina. 'Demoliciones Reinildo, SL'. 

Su historia familiar, ejemplo de superación, conmueve. Si hay un jugador querido por la grada, es él. Y si hay un tipo querido en el vestuario por su manera de ser, es él. Su llegada al Atleti fue cosa de Andrea Berta, un director deportivo 'invisible' y 'mudo' que alterna aciertos y errores. En relación calidad-precio, la afición rojiblanca no ha visto un caso igual desde Milinko Pantic. Sin embargo, Reinildo no era un valor anónimo en la industria. Había sido campeón con el Lille, lideraba el apartado de duelos ganados y había sido elegido en el once ideal de la ‘liga de granjeros’ (sic). En el Atleti ha caído de pie. Ni adaptación, ni paciencia, ni gaitas. Venía para ser lateral izquierdo, jugó de central y se hinchó a anular delanteros. Su ley no escrita es un clásico. Si el rival saca la maza, Renildo pone el escudo. Si el peligro asoma por la puerta del Atleti, él saca la escoba. Y si un delantero se pregunta si podrá con él, Reinildo saca la trituradora y despeja la incógnita: ‘Aquí las preguntas las hace la policía’.

Rubén Uría

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