Lionel-Messi(C)Getty Images

Abrir los ojos o coleccionar chaquetas

No te quitan el carné de aficionado al fútbol por reconocer que te has equivocado. No eres menos hincha de tu equipo por reconocer que un rival ha sido mejor. Y aunque haya quien lo crea, no eres peor periodista por reconocer que metiste la pata. Al contrario. El error humaniza, la disculpa honra y el perdón dignifica. De hecho, aunque miles de aficionados y periodistas, que se creen más importantes de lo que realmente son, piensen lo contrario, el fútbol es aún más maravilloso cuando nos retrata, cuando nos deja mal, arruina nuestros pronósticos y demuestra que nos equivocábamos. Por eso es el mejor relato de la vida.

No te quitan el carné de periodista por reconocer que te equivocaste con Vinicius, porque después de decir que el chaval apuntaba a un farol y mataba a una vieja, ahora te ha cerrado la boca siendo un jugador de clase mundial. No eres menos atlético por reconocer que el Real Madrid, aunque quieras que pierda hasta el avión, compite como nadie en la Copa de Europa. No eres menos madridista si, como Luka Modric, reconoces que Messi es el mejor y merece este Mundial. Uno no sabe menos de fútbol por reconocer que creía que España ganaría este torneo, quedando demostrado que pronóstico de Uría, cagada que queda en el camino.Es fútbol. Dinámica de lo impensado. Nos equivocamos. Todos.

No eres más listo, ni más guapo, ni más rico, ni más alto, ni sabes más de fútbol que los demás, cuando te crees infalible. Al contrario. Si insistes en hacer el ridículo antes que reconocer que no llevabas razón, demuestras ser un completo idiota.El fútbol, como la vida, consiste en equivocarse. Por eso es maravilloso. Einstein decía que sólo existen dos cosas infinitas: la estupidez humana y el universo, y que de lo segundo, no estaba seguro. Como la estupidez siempre insiste, como el ego es infinito, como la soberbia es la peor compañera en el viaje de la vida, hay quien insiste en negar a Messi. Dicen que aburre, que no es para tanto, que le van a regalar el Mundial y que si la abuela fuma. Pobre gente. Debe ser terrible haber comparado a Leo con gente que no le podría ni atar los cordones y debe ser aún más triste vivir de espaldas a la realidad. La linde acaba y el tonto sigue.  

Mi compañero Iván Vargas le abre los ojos al personal. No quiere que nadie le robe a Messi:“Nadie puede apropiarse de él: ni los aficionados de un equipo para hacerlo suyo, ni los antis para minimizarlo, ni nadie. Simplemente hay que disfrutarlo. Va más allá de equipos y países. Messi es patrimonio de la humanidad”. Así de sencillo. Sin rencor, sin úlceras, sin excusas baratas, sin pataletas baratas. Con 35 años, se ha marcado un torneo brutal. Podemos reconocerlo, procesarlo y asumirlo, nos guste o no. O podemos imitar el ridículo de los telepredicadores y guiñoles que se han pasado el Mundial cambiando de selección, rebuscando chaquetas en el fondo del armario, con tal de que Messi no haga posible lo que ellos decían que era imposible. Pensaban que estaba acabado, llevan años diciendo que está en declive y Messi les ha dejado a la altura del betún. Estaban equivocados y siempre lo estuvieron. Aceptarlo es un signo de inteligencia. Negarlo es ser un tonto de enciclopedia, alguien que antepone su rencor a la verdad. Uno puede seguir coleccionando chaquetas para negar a Messi o abrir de una vez los ojos. Lo segundo parece más saludable: es lo mínimo exigible para conservar la dignidad intacta.

Rubén Uría

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