Tras cerca de media hora de juego, el Al Nassr empezó a recuperar el equilibrio de forma gradual, y sus jugadores lograron manejar mejor la presión del Al Ittihad, con lo que el conjunto "mundialista" se mostró más capaz de conservar el balón y de llegar al último tercio ofensivo.
Esta mejora se reflejó rápidamente en el marcador después de que Ângelo lograra anotar el gol que recortaba distancias en el minuto 36, dándole a su equipo un gran impulso anímico y devolviendo el partido a unos cálculos más complejos antes del final de la primera parte.
El gol de Ângelo fue una señal de que el Al Nassr empezaba a encontrar soluciones, y de que si el Al Ittihad continuaba presionando con la misma intensidad durante todo el encuentro podría abrir espacios ante su rival. Y aquí apareció la otra cara de la personalidad de Vissing, ya que no gestionó su ventaja como si estuviera obligado a seguir arriesgando, sino que decidió en la segunda parte cambiar la forma de su equipo y replegarse más atrás, apoyándose en las transiciones y aprovechando los espacios que dejaría el Al Nassr con su avance en busca del empate.
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Este cambio hizo que la fisonomía del partido fuera completamente distinta en la segunda mitad; el Al Nassr pasó a ser el dueño de la iniciativa, la posesión y la presión, mientras que el Al Ittihad se convirtió en un equipo que defendía con un bloque más compacto y esperaba el momento oportuno para salir.
La idea estaba clara: el Al Nassr, al ir por detrás por un gol, se vería obligado a subir a un mayor número de jugadores, y por tanto aparecerían los espacios que el Al Ittihad podría atacar en las transiciones, algo que le permitió a Vissing mantener la ventaja en el marcador sin necesidad de arriesgar.
Al mismo tiempo, Vissing intentó aprovechar la naturaleza del Al Nassr en los últimos minutos mediante la entrada de Youssef En-Nesyri, y centrándose en los centros y los balones dentro del área.
La presencia del delantero marroquí era lógica ante el escenario hacia el que se encaminaba el partido, porque el Al Ittihad se veía obligado a lidiar con una presión continua del Al Nassr, mientras que En-Nesyri podía aprovechar los balones aéreos y moverse dentro del área, además de darle a su equipo una opción adicional en las transiciones y los balones directos cuando los espacios a espaldas de la defensa del Al Nassr se hicieran más grandes.
El joven técnico se apoyó en la parte final en las transiciones y le cedió por completo la posesión al Al Nassr, para acabar resolviendo finalmente el enfrentamiento con todo merecimiento.