Sin embargo, al mirar el panorama actual, la historia ya no luce tan prometedora. Osimhen dejó el Estadio Diego Armando Maradona apenas un año después, no porque hubiera quedado grande para el Napoli, sino porque la relación entre el club y el jugador se rompió de manera irreversible.
Ante ese escenario, no tuvo otra opción que dar un paso atrás y aceptar su llegada al Galatasaray, primero en calidad de préstamo y luego de forma definitiva el verano pasado. Los goles no han dejado de acompañarlo en Turquía y sumó un nuevo título de liga a su palmarés, aunque la Super Lig está lejos de equipararse con cualquiera de las cinco grandes ligas de Europa.
El enorme potencial que Osimhen exhibió en Italia se ha diluido en buena medida, y no solo a nivel de clubes. Llamado a liderar una generación dorada de Nigeria —con nombres como Ademola Lookman, Alex Iwobi, Samuel Chukwueze, Calvin Bassey y Wilfred Ndidi—, el delantero no ha logrado traducir ese talento colectivo en logros concretos para su selección.
La más reciente decepción de las Súper Águilas llegó en las semifinales de la Copa Africana de Naciones 2025, donde fueron superadas por los anfitriones Marruecos tras un exigente duelo. La verdadera grandeza sigue esquivando a Osimhen, y esta vez no hay demasiados argumentos para señalar a otro responsable que no sea él mismo.











