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Lamine Yamal - لامين يامال - Kooora OnlyKooora.com
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Raphinha, el ejemplo más reciente: ¿va la afición en dirección contraria a Yamal?

Lamine Yamal abrió un debate polémico poco antes del anuncio del ganador del Balón de Oro, cuando habló sobrelos criterios que rigen la elección del ganador del premio, al considerar que el excesivo enfoque en los goles y los títulos podría alejarlo de su esencia fundamental: elegir al mejor jugador del mundo.

La estrella del Barcelona dijo, en su entrevista con "Movistar Plus", que ganar la Liga de Campeones convierte al equipo en el mejor y, por tanto, el club obtiene su propio premio, mientras que el Balón de Oro debería ser para el mejor jugador de manera individual, y no necesariamente para quien anotó 80 goles, porque el máximo goleador de la temporada ya recibe el premio al máximo artillero.


Pero las declaraciones de Yamal no están solas en este debate, ya que coinciden parcialmente con el punto de vista de Kylian Mbappé, donde la estrella francesa otorga un mayor peso a los goles y a los números.
Lee: Mbappé: Soy el mejor del mundo y marco más que Raphinha y Dembélé


  • Sentido contrario

    En el lado opuesto al punto de vista de Yamal, Mbappé considera que el Balón de Oro es un premio individual, pero al mismo tiempo insistió en que marcar goles y ganar títulos no son dos opciones contradictorias, subrayando que quiere hacer ambas cosas a la vez. Asimismo, señaló que sus números goleadores le otorgan el derecho a entrar con fuerza en la carrera.

    En el Mundial 2026, Mbappé marcó 10 goles y se coronó como máximo goleador del torneo, mientras que terminó la temporada como máximo goleador de LaLiga y de la Liga de Campeones.

    De este modo, se presentan ante el Balón de Oro dos visiones diferentes: un jugador que considera que la influencia dentro del partido no debe reducirse al número de goles, y otro que considera que la producción goleadora y la capacidad de decidir son cifras difíciles de ignorar cuando se habla del mejor jugador del mundo.

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  • La tripleta de Raphinha revela la paradoja

    El último partido entre el Barcelona y el Sevilla ofreció un ejemplo práctico de este debate.

    El Barcelona logró una difícil victoria por 3-1 ante el Sevilla, y Raphinha fue el nombre que acaparó los titulares tras marcar los tres goles, dos de ellos con asistencia de Lamine Yamal.

    Tras el encuentro, Raphinha obtuvo 35.756 votos de un total de 38.646 en la votación del público para elegir al mejor jugador del partido, es decir, cerca del 92,5% del total de los votos.

    Por su parte, Yamal ofreció un partido asombroso desde el punto de vista técnico, con dos asistencias, 6 pases clave, 3 ocasiones claras, 5 remates y, además, dio en el poste. Y lo más importante: fue quien desempeñó el mayor papel en el desmantelamiento de las fortalezas andaluzas, con regates mágicos y una conexión genial entre los distintos elementos del sistema, siendo así el verdadero maestro ofensivo del Barça.


    La paradoja aquí no es que Raphinha no mereciera el elogio, sino todo lo contrario: firmó un triplete que llevó al Barcelona a la victoria y disputó un partido más que sobresaliente, digno de todos los elogios y alabanzas posibles.

    Pero Yamal, también en el plano estadístico y más allá de su influencia, estuvo presente de forma directa en dos de los tres goles y generó la mayor parte del peligro ofensivo que produjo el desenlace.

    Y para el espectador que siguió el partido, se puede ver a Raphinha como el autor del último toque, mientras que a Yamal se le puede considerar la causa de ese desenlace.

    Y aquí empieza la verdadera pregunta.

  • ¿Se concentra el público de forma inconsciente en la última escena?

    La votación del público en un solo partido quizá no pueda considerarse un veredicto definitivo sobre la manera de evaluar a los jugadores, pero ofrece un ejemplo claro de la naturaleza de la impresión de la afición.

    Cuando un jugador marca, su impacto se vuelve visible y directo, mientras que la valoración del jugador que crea ocasiones, impone su dominio y da el último pase puede requerir una lectura más profunda de los detalles del partido.

    Y este no es un problema que atañe únicamente a Yamal o a Raphinha.

    Es una cuestión más amplia relacionada con cómo se define al "mejor jugador".

    ¿Es el mejor el jugador más decisivo frente a la portería? ¿O el jugador que genera el mayor impacto, aunque no sea él quien coloque el balón en la red?

    La historia reciente del Balón de Oro no ofrece una única respuesta.

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  • Diferentes modelos

    Durante los años en los que se ha celebrado el premio, entre 2016 y 2025, han aparecido modelos completamente diferentes de ganadores.

    Cristiano Ronaldo lo ganó en 2016 y 2017, en dos temporadas en las que combinó una gran producción goleadora con los grandes títulos.

    Luego llegó Luka Modric en 2018 para ofrecer un modelo distinto; el croata no fue un goleador destacado, pero conjugó su temporada con el Real Madrid y su llegada con Croacia a la final del Mundial, además de recibir el premio al mejor jugador del torneo.

    Y en 2022, Karim Benzema fue otro ejemplo de la conjunción de criterios; lideró al Real Madrid hacia la Liga de Campeones de Europa y la liga española, y fue uno de los máximos goleadores de Europa.

    En 2024, la votación fue a parar a Rodri, un centrocampista que no competía por el título de máximo goleador, pero que combinó el título de la liga inglesa y el campeonato de Europa con España, y recibió el premio al mejor jugador de la Eurocopa 2024.

    En cuanto a Lionel Messi, ganó el premio en 2019, luego en 2021 y después en 2023, y el Mundial de 2022 fue el factor colectivo más destacado en su última edición, mientras que la Liga de Campeones de Europa no estuvo presente en aquellas victorias.

    Y en la edición de 2025, Ousmane Dembélé se impuso tras una temporada en la que sumó 35 goles, 16 asistencias y cinco títulos con el Paris Saint-Germain, entre ellos la Liga de Campeones de Europa, por delante de Yamal, que quedó segundo en la votación.

    La historia, por tanto, no ofrece una regla que diga que el goleador siempre gana, ni una regla contraria que diga que el jugador más creativo se impone necesariamente al de los números.

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  • ¿Qué dicen los criterios oficiales del premio?

    Lo más importante de todo es que el propio reglamento del Balón de Oro no convierte los goles o los títulos en un criterio único.

    Según los criterios oficiales de la edición de 2026, las actuaciones individuales, el carácter decisivo e impactante ocupan el primer lugar, seguidos del rendimiento colectivo y los títulos, y después la conducta y el juego limpio.

    Y este punto es sumamente importante.

    Los goles entran, naturalmente, dentro de la valoración del rendimiento individual y del carácter decisivo, pero no constituyen un apartado independiente que conceda al jugador una ventaja automática.

    Lo mismo se aplica a los títulos: ganar la Liga de Campeones de Europa o la Copa del Mundo puede ser un factor importante en la valoración, pero por sí solo no basta para decidir el premio.

    Es más, el propio mecanismo de votación confirma que no se trata de una votación popular.

    El Balón de Oro lo determinan 100 periodistas especializados, cada uno de los cuales representa a un país de los primeros 100 en la clasificación masculina de la Federación Internacional de Fútbol, y cada periodista elige a 10 jugadores de una lista que incluye a 30 candidatos, otorgando puntos diferentes a cada posición.

  • ¿Quién ganará?

    Al final, la batalla del Balón de Oro no parece un simple pulso entre los "goles" y el "rendimiento", sino entre dos maneras distintas de definir al mejor jugador.

    La primera considera que el jugador más productivo y decisivo en las cifras debe tener un mayor peso en la valoración.

    La segunda contempla la imagen completa: la creación de ocasiones, la influencia en el desarrollo del juego, la capacidad de cambiar el partido y la presencia en los momentos importantes, incluso cuando el nombre del jugador no aparece en la casilla de los goleadores.

    Raphinha ofreció un claro ejemplo del valor del último toque.

    Y Yamal ofreció, en ese mismo partido, un ejemplo del valor de la influencia.

    En cuanto al Balón de Oro, sus criterios oficiales sitúan el rendimiento individual y la influencia codo con codo en primer plano, y después el rendimiento colectivo y los títulos, sin convertir ninguno de ellos en una ley automática.

    Y ahí reside la paradoja que merece debate: ¿el mejor es el jugador que marca el gol, o el jugador que hace posible la victoria?

    La respuesta no vendrá de la votación del público de un solo partido, ni del número de goles por sí solo, sino de la manera en que 100 periodistas elijan interpretar el significado de "el mejor jugador del mundo" cuando depositen sus votos ante los nombres de los candidatos.

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