Dos años después de la derrota en Ámsterdam, el Madrid volvería a la final a pesar de que los mejores años de las estrellas que habían conseguido las cinco Copas de Europa consecutivas ya habían pasado.
Después de eliminar en los cuartos de final al campeón defensor, AC Milan, y de superar sin problemas al FC Zúrich en las semis, el equipo de Muñoz se encontró en el partido decisivo con el otro equipo de Lombardía, un Inter que de la mano de Helenio Herrera estaba revolucionando para siempre el fútbol italiano.
En el Praterstadion de Viena, el por entonces novedoso catenaccio fue imposible de descifrar para el Madrid, que se vio en desventaja sobre el final de la primera mitad por un gol de Sandro Mazzola y en la segunda parte no pudo contrarrestar el juego de defensa y contragolpe del Neroazzurro, que extendió distancias a través de Aurelio Milani al minuto 61 y dejó la final prácticamente sentenciada. El gol de Felo para el equipo blanco puso algo de incertidumbre al marcador, pero finalmente Mazzola liquidó la historia.
Aquel 27 de mayo de 1964 sería la última vez que Alfredo Di Stéfano vestiría la elástica del Madrid. Las tensiones de la Saeta con el entrenador y con Santiago Bernabéu habían ido en aumento a lo largo de toda la temporada y, tras el regreso de Austria, una serie de desencuentros con el presidente derivaron en la decisión del club de no renovarle el contrato luego de una década vestido de blanco.