¡Y ahora, piten todos a Gerard Piqué!

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El central catalán se erige en el salvador de España ante República Checa después de un año entero siendo pitado. Buen debut al que le faltó más gol

OPINIÓN

Día 13 y Toulouse amaneció ventoso y lluvioso, casi como un presagio de que no todo iba a ser de color de rosa para la selección española, pese a que es así como se conoce a esta ciudad del sur de Francia. La Ciudad Rosa. Claro que también es reconocida por los vientos australes o “vientos del diablo”. Y parece que, si de algo se contagió España, fue más bien por esto último. Cuajando un partido celestial, por momentos, pero acabando por morder siempre su manzana del pecado. De los pecados. Los mismos que arrastra desde hace tiempo. Falta de disparos y falta de velocidad que acaba redundando en la manida falta de gol. Toda la semana pensando en quién salvaría los goles para terminar acordándose del gol salvador. La República Checa llevaba 22 partidos seguidos encajando gol, casi tres años sin dejar la portería imbatida desde que jugó contra Malta… y hasta que se encontró con España (durante al menos los primeros 85 minutos).

Una España profunda y veloz en la primera parte, con juego por las bandas y un Morata de delantero centro que fue un constante torbellino para la defensa checa –valga el símil meteorólogico-. Todo ello guiado por un Andrés Iniesta realmente primoroso. Tanto en defensa como en ataque. Un hombre jugando contra niños. Lo que obligó a los checos a encerrarse en su propia área, como la niña que se tapa con la sábana deseando que no salga el monstruo del armario. 

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Sin embargo, el gol no llegaba de ninguna manera. El descanso no ayudó lo más mínimo a La Roja tampoco. Pues poco a poco pareció cansarse de su propio plan, difuminando su juego. Salió el sol en Toulouse durante la segunda parte, pero España estaba predestinada a no encontrar ni un rayo de luz entre la poblada defensa checa. Tres cambios, hombre por hombre: Aduriz, Thiago y Pedro, por ese orden. Pero ninguno cambió el guión del partido.

Tuvo que ser sólo en las postrimerías cuando La Roja se encontrara con La Roja. Con la vigente campeona de Europa, la del aura victoriosa. Y el abanderado no fue otro que Gerard Piqué a pase, cómo no, de Andrés Iniesta. El central catalán, pitado por su propia afición durante todo un año entero por todo lo largo y ancho del territorio español, y reprendido públicamente por sus propios compañeros, se erigió en el salvador del debut hispano con ese cabezazo a las mallas cuando ya se intuía el final del partido. Y el primero en ir a celebrarlo con él fue Sergio Ramos. El fútbol tiene estas cosas, de cuando en cuando. ¿Cuántos de los que entonces le pitaron saltarían celebrando su gol ante República Checa? El fútbol. Y el combinado español. Nada puede con ellos.

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