Tardó sesenta segundos en dejar su tarjeta de visita y el mundo atlético tardó otros sesenta en llevarse las manos a la cabeza: “¿Cómo han dejado escapar a este jugador?”. Al grano: Que Dusan Vlahovic tiene pinta de ser uno de los delanteros que marcarán la próxima década no se le escapa a nadie. Se sabía antes de su tempranero gol en Villarreal. Era un secreto a voces. Tanto, como que el Atlético de Madrid, digan lo que digan sus voceros, correveidiles y trovadores, no tuvo opciones reales de ficharle. Y no se trata de blanquear a la directiva, ni de buscar tres pies al gato, ni de comulgar con ruedas de molino. Se trata de contar la realidad que, aunque no venda, es lo decente. Sí, Vlahovic interesaba al Atleti. Como a decenas de clubes. Sí, el Atleti preguntó por el delantero. Como otros clubes. Sí, el Atleti llegó a hablar con el presidente de la Fiorentina para conocer las condiciones y saber si sería posible. Como el resto de clubes. Y sí, el Atleti estudió diferentes fórmulas para intentar hacer un esfuerzo tremendo y estudiar la manera de poder pagar, a plazos y con fórmulas creativas, para llegar a los 60 millones que, como mínimo, exigía Comisso por el futbolista. Como el resto de clubes. La realidad es que Vlahovic nunca estuvo cerca, que el hambre se juntó con las ganas de comer y que mientras el ruido mediático crecía vendiendo el tradicional humo veraniego, el personal se creyó que el jugador ficharía por el Atleti. No.
De primero de venta de humo: expectativas nivel NBA, realidades Primera RFEF. No deja de ser curioso que un abrumadora mayoría de aficionados atléticos reclamen nombres cuando al equipo le va mucho mejor contratando hombres, pero como la ilusión es libre y la cultura del cromo caro arrasa entre los más jóvenes, el personal decidió ser feliz tragando una media verdad que, en el fondo, es la peor de las mentiras. Que Vlahovic sería del Atleti. Pues no. Nunca estuvo cerca. Para empezar, porque el asunto no tenía demasiada base, porque media Europa le quería y Arsenal, Juventus, City, Chelsea y demás tienen el músculo económico que no tiene el Atleti. Para seguir, el tufo a subasta que desprendía el jugador. En verano el precio mínimo era de 60 “kilos”, en invierno, la Fiore se subió a la parra pidiendo hasta 70 y finalmente, entre fijo y variable, la Juventus ha tenido que pagar hasta 75 millones. Para continuar, el salario del jugador, que rechazó una oferta por el triple de su salario en la Fiorentina, que se ha ido a la Juve cobrando cinco veces más y a que el Atleti, difícilmente, le podría haber mejorado el contrato que le ofrecía no la Juve, sino otros cuatro o cinco equipos. Y para acabar, el motivo más importante: el futbolista, que presionó como un animal para irse a la Juventus, no lo hizo para jugar en el equipo de Simeone.
No, Vlahovic no ha sido un Ronaldo Nazario, ni un Juan Román Riquelme, ni un Pedja Mijatovic, ni un Ivan Rakitic. No, esta vez al Atleti no se le escapó un jugador por una negligencia o por no sacar el "taco", aunque sea más cómodo sospechar de los que siempre solían cometerlas. Y por más humo que se exporte, por más quejas populares que surjan y por más que algunos sigan mirando al dedo mientras apuntan la luna, la realidad es la que es. Ni Vlahovic quiso jugar en el Atleti, ni el Atleti tuvo nunca opciones reales de conseguirlo. Vlahovic es muy bueno y quizá algún día sea incluso mejor de lo que creemos. Perfecto. Y que, aunque seguro que Vlahovic va a ser un fenómeno, no es la última Coca-Cola del desierto. A todos los atléticos les habría encantado fichar a Vlahovic. Seguro. Pero la verdad, que vende mucho menos que la ficción, es que nunca tuvo serias opciones de firmarle. El resto es literatura.
Rubén Uría
