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Barcelona Real Madrid Valverde goalGettyImage

Valentía, miedo y talla

'Semana negra' para el Barça. El miércoles, eliminación virtual de Champions. El domingo, nuevo baño de realidad en Liga. Xavi, cuyo discurso cada vez se aleja más de la realidad, habló en la previa de ser un equipo valiente, perodurante dos tercios de partido, el Barça jugó con miedo. En el primer acto, el azulgrana fue un equipo plano, lento y descosido por sus errores. Al Madrid, un equipo maduro, confiado y curtido, no le hizo falta pisar el acelerador a fondo. Defendió con aplomo, metió el turbo cuando encontró latifundios para correr y golpeó cuando debía. Todo entrenador que se precie de serlo sabe que esto va de potenciar las virtudes de los futbolistas y esconder sus defectos. Ancelotti potenció las virtudes de sus jugadores y Xavi expuso los defectos de los suyos. Toni Kroos y la contundencia del Madrid hicieron el resto. Ave que vuela, a la cazuela.   

El contraste fue evidente. El Madrid se mostró agresivo y tuvo un plan reconocible. El Barça fue plano y previsible. Si el fútbol es un juego de errores, el Real no cometió ninguno y el equipo de Xavi, todos. No ganó duelos, fue contemplativo, presionó mal, eligió peor y fue blando en las marcas. De propina, perdió la batalla de los costados. En el área azulgrana, Vinicius se comió a Sergi Roberto y Valverde destrozó a Balde - ¿seguro que Jordi Alba no es el mejor lateral del equipo?-; y en el área blanca, Carvajal y Mendy se impusieron a Rapinha y Dembélé, desaparecidos en combate. Huérfano de personalidad y de carácter - Gavi solo debería pisar el banco para sacar dinero-, el Barça tembló como una hoja en el primer tiempo. Encajó el primero y cuando quiso reaccionar de manera tímida, se llevó el segundo puñetazo y besó la lona. Como ante Bayern e Inter, mandíbula de cristal.

Al descanso, la lectura era simple: superior en lo físico, táctico y emocional, el Madrid no sufría. En tiempos en los que la alta intensidad ha llegado para quedarse, como repite el profesor San Martín, el Madrid vive de jugadores empoderados que dominan un registro camaleónico: pueden ganar con la pelota y también sin ella. Con el paso de los minutos, Xavi sacó la pata del lugar donde la había metido. Metió garra (Gavi), verticalidad (Ferran) y gol (Ansu) en el campo. Y como el fútbol a veces tiene lógica, el partido giró. El Barça agitó la coctelera, fue de frente, encontró el gol y el Bernabéu dudó por un instante. El sueño culé se esfumó cuando Rodrygo, de penalti tras revisión del VAR, liquidó el pleito. El Barça, que regaló el primer tiempo y puso el despertador demasiado tarde, se quedó sin liderato.  

Si el curso pasado Xavi se doctoró con un 0-4 que los culés festejaron como si fuera un título, creyendo ver la luz al final del túnel, en esta ocasión el Madrid se encargó de demostrar que el enfermo sigue en tratamiento. Sin nada del otro jueves, sin tener que pisar el acelerador a fondo, el Madrid fue mejor. Sobre todo, en el primer tiempo. Y Xavi, que siempre habla de ser valientes, tendrá que pensar por qué su equipo salió al Bernabéu con miedo y por qué se dejó la rebeldía en el banquillo, recurriendo a ella cuando ya era demasiado tarde. Cuando se bajó el telón, la conclusión fue sencilla: el Madrid todavía es  un producto imperecedero y el Barça todavía sigue en obras. Si esta semana era clave para medir la estatura del Barça, el equipo no ha dado la talla.

Rubén Uría

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