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Ruben Uria BlogGoal

Valencia CF, R-E-S-P-E-C-T

Debía ser una noche para héroes. Y lo fue. El contexto era un canto a la adversidad. Había que tirar de carácter y de la unidad “B” para asaltar el Johan Cruyff Arena, ante un Ajax que, además de ser una escuela de gran fútbol, tiene una colección de jugones. Empresa difícil, pero no imposible. Sin Cillessen, sin Piccini, sin Garay, sin Kondogbia, sin Guedes y sin Maxi – seis titulares- y de propina, sin Kang In ni Cheryshev, con la posterior lesión durante el partido de Gameiro y con Paulista medio cojo, el Valencia hizo lo que tenía que hacer: marcar y sobrevivir en la trinchera. Se ganó su pase a octavos a base de entrega, garra y contundencia en ambas áreas: en la ajena, gol; en la propia, un muro carnal. Lo hizo en una noche cargada de simbolismos: con Rodrigo anotando un gol que festejó besando el escudo, con Parejo sacando cada pelota jugada mientras estaba rodeado de contrarios, con Paulista echando el corazón por la boca en cada cruce, con Diakhaby demostrando que no le pasaban ni los rayos X, con Soler bregando a diestra y siniestra, con José Luis Gaya dando una exhibición de compromiso y con Jaume Domenech haciendo honor a su apodo, "El Gato de Almenara". Todos quisieron, todos creyeron y todos resistieron. Fácil de decir, difícil de hacer. 

El equipo de Celades salió vivo de Amsterdam después de un asedio brutal y estará entre los mejores. Lastrado por las bajas, asediado por un gran equipo, al límite de ser noqueado en varias fases del combate, el Valencia acabó en pie después de una de esas noches que cualquier aficionado ché recordará con el pase de los años. No fue el mejor partido del equipo, ni siquiera la actuación más memorable, pero sí fue el premio merecido a un grupo maduro que no se vino abajo tras la nefasta decisión de prescindir de Mateu y Marcelino. El pase, conseguido a base de sangre, sudor y lágrimas, logra que el equipo de un pequeño paso hacia adelante, pero uno gigantesco para la entidad. Celades, que llegó sin hacer ruido y está sabiendo hacer un papel más que digno, tenía motivos para celebrar. Él tiene buena parte de culpa. Y qué decir del grupo, que sigue unido, sigue fuerte, se sobrepone a cualquier mala noticia y sigue demostrando que no agacha la cabeza salvo para besar el escudo. A base de una resistencia heroica, el Valencia hizo suyas las palabras de Arya Stark en “Juego de Tronos”: “¿Qué le decimos a la muerte? Hoy no”.

Honor a quien honor merece. Que lo disfrute la afición. Lo merece. Noches como esta no se las puede quitar nadie al valencianismo. Igual no tienen el mejor equipo de Europa, pero sí puede presumir de tener un equipo que rezuma compromiso. Y eso vale oro molido. A la brava, a la tremenda, como marca la historia de un club al que nadie ha regalado nada, el Valencia estará entre los mejores de Europa. Sacó el manual de supervivencia, tiró de épica y logró lo que muchos creían que sería imposible conseguir: ganar en Amsterdam. Todo, a pleno pulmón. Este vestuario, este grupo y este equipo ha dado una lección -otra más y van muchas-, de cómo superar cualquier adversidad, sea institucional o deportiva. Eso exige y merece aquello que cantaba la mítica Aretha Franklin: R-E-S-P-E-C-T.

Rubén Uría

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