+18 | Publicidad | Aplican Términos y Condiciones | Juega con responsabilidad | Principios editoriales
Tata Martino Mexico SwedenGetty Images

Una cuestión de piel

Se sintió bastante extraño el momento en el que se anunció la alineación de la Selección mexicana en el primer partido del Mundial Qatar, ante Polonia. En el momento en que en la pantalla gigante del estadio Al Thumama mostró a Gerardo Martino, explotó un abucheo casi unánime. Algo similar ocurrió cuando apareció Rogelio Funes Mori. 

La credibilidad de un entrenador corre por los resultados. Eso pasa en todos lados. En todo el mundo. Pero, para un entrenador argentino a cargo de la Selección mexicana, la vara de la exigencia se pone un poco por encima. El primer quiebre entre el director técnico y la afición se basa en las campañas. 

La historia empezó bien, con 11 partidos ganados de manera consecutiva y la obtención de la Copa Oro. Luego vino un golpe en un amistoso ante Argentina, en el que perdió por 4 a 0, pero después hubo una remontada aclaratoria con otros cinco triunfos al hilo.

Tras la pandemia, las cosas cambiaron. Fue como si el Tata Martino hubiera perdido el hilo que tan aceitado tenía. Perdió ese contacto diario, esos entrenamientos en los que todo fluía. Se hizo más grande la brecha.

Desde ahí, casi todo fue problemas: aunque hubo algunas buenas victorias ante Países Bajos (1-0), Corea del Sur (3-2) y Japón (2-0), perdió la final de la Nations League con Estados Unidos en un flojo torneo. Poco después volvió a perder ante el equipo norteamericano, esta vez en la Copa Oro.

Como hizo en Paraguay - no tanto en Argentina-, metiendo mano en las divisiones inferiores y armado de futbolistas, influyendo en decisiones de la liga local, optando por jugadores jóvenes que darían un proyecto a largo plazo, Tata Martino pretendió hacer un plan parecido en México.

Se juntó con los dueños de la Liga para evitar que hubiera tantos extranjeros en el torneo local, por ejemplo. Le dijeron que sí pero luego la realidad fue maquillada. El entrenador argentino tuvo que agachar la cabeza y meterse en lo suyo; el primer equipo de la Selección mexicana. Todo el resto para por otros lados. Y él no llega. 

La decisión de dejar afuera a Chicharito Hernández es clara. Según su punto de vista, no tiene tanto sentido incluir en el proceso a un jugador de 34 años que no compite en una liga top y que no tendría más futuro que Qatar. En su lugar, los elegidos como centrodelanteros en el plantel son Raúl Jiménez (lugar que nunca estuvo en duda, pese a que su condición física parece estar muy muy lejos de la ideal), Henry Martin (el goleador del último torneo mexicano, en un América que arrasó pero se pinchó en las semifinales) y el argentino Rogelio Funes Mori.

El ex River tuvo tan buenos momentos en México que ya es el máximo goleador de la historia de Rayados de Monterrey. Una locura. El Tata se abrazó a esa jerarquía, a ese momento, a ese tipo de delantero físico pero con buena técnica. Sin embargo, los últimos meses de Funes Mori no fueron del todo buenos. Hoy, todas las miradas van hacia él. 

Un aficionado mexicano se cansaba de preguntarle a un argentino qué sentiría si en su Selección llevaran a un mexicano que hace muchos goles en la liga local argentina. Indignado. 

Si el Tata Martino no lo hubiera citado se habría ahorrado uno de los conflictos más grandes. Pero, si no lo hubiese llevado, Martino no sería Martino.

Ante la Selección argentina, tras un debut algo tibio en el que el equipo pareció guardarse cierto potencial, es probable que Martino vuelva a ser abucheado. Parece ser una cuestión de piel, como si el cese del rechazo necesitara una especie de milagro.

Anuncios