Cinco partidos jugados en el semestre, con tres derrotas, dos empates y lo más preocupante de todo, un nivel de juego muy por debajo del promedio, es lo que acumula Atlético Nacional a esta altura. La caída de esta noche en Barranquilla fue otro fuerte campanazo a la continuidad de Hernán Darío Herrera y a la confianza en el equipo, porque el crédito se está agotando rápidamente. El saldo se acerca a cero.
De las señales de mejora vistas en Ibagué quedó muy poco, en todas las líneas y en todas las esferas: de fútbol y de actitud. De la intención que se tenía de ir al Metropolitano a proponer, expresada en la voz de Pabón, apenas chispazos en el último minuto del primer tiempo y en el arranque del segundo con la entrada de Andrade. Del trabajo que se hace en la semana, muchas dudas, porque no se ve reflejado en la cancha y cada minuto que pasa se ratifica más.
Cada partido juega en contra de Nacional, de su técnico y de sus jugadores. Ni hablar de la hinchada que es la que más lo sufre desde afuera, después de semanas caóticas. De la emoción al desconsuelo en cuestión de un mes, en una caída libre a la que hay que ponerle freno inmediatamente para intentar salvar el semestre.
Serán tres semanas de aquí al juego de vuelta en Medellín, para intentar una remontada que hoy parece muy lejana, rayando en lo imposible por todo el contexto que se está viviendo. Tres semanas, con los juegos ante Pasto y Alianza Petrolera de por medio que deben servir para buscar sí o sí las victorias y un poco de aire, para trabajar con seriedad, compromiso y entrega desde todos los actores y para calmar las cabezas en busca de una buena toma de decisiones en todas ellas.
Es que en cuestión de esas tres semanas, Nacional podría verse eliminado de la Copa y de no ganar en los dos partidos de Liga mencionados, se vería con el semestre en riesgo de un fracaso que pudo evitarse desde mucho antes. Con apenas cinco partidos disputados, ya aparecen las cuentas para alcanzar uno y otro objetivo, crecen las dudas, crece la incertidumbre y crece la desazón.
Todo Atlético Nacional tiene tres semanas para intentar salvar al barco de un choque con el iceberg que parece inevitable, salvo que hayan profundos cambios y se recomponga todo lo que evidentemente está roto.

