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Saul Niguez Atletico Madrid 2021-22Getty Images

Saúl y su cicatriz imborrable de Leverkusen

Saúl Ñíguez volvió este verano al lugar del que jamás debió irse: su casa, el Atlético de Madrid. Tras su fallida experiencia en la Premier League, el ilicitano se ha reinsertado en la disciplina del grupo, vuelve a ser una pieza importante para Diego Pablo Simeone y se ha vuelto a ganar el afecto de la afición colchonera, que siempre, pase lo que pase y rinda como rinda, tendrá presente su compromiso inquebrantable con la causa. Porque en el caso de Saúl, la palabra compromiso no es una palabra cualquiera, ni un 'gag' barato, ni una pose tribunera, ni siquiera un conjunto vacío de moralina de quita y pon. No, en el caso de Saúl, que llegó a orinar sangre por defender al Atlético de Madrid, la palabra compromiso es un hecho que va más allá de lo indiscutible. Es algo que exige y merece respeto.

El Atlético regresa hoy a Leverkusen, esa ciudad de Alemania donde Saúl vivió una de las peores y más angustiosas experiencias de su vida. El ilicitano apenas tenía 20 años cuando chocó con Papadopoulos, central griego del Bayer, durante la ida de octavos de final de la Champions. Ese choque dañó de manera tremenda su riñón. Justo el mismo del que ya había sido operado cuando jugaba cedido en el Rayo Vallecano de central. Tras aquel golpe tremendo, Saúl fue trasladado al hopsital entre teblores y convulsiones. El impacto había sido durísimo, le sometieron a un TAC y tuvo que quedarse ingresado en Alemania, junto a su padre y allegados, durante cuatro días, para no volver a jugar con el Atleti hasta seis semanas después. Fue un susto tremendo. No fue necesario hacer una cirugía abierta, pero sí se le colocó un catéter interno para que el maltrecho riñón volviera a recuperar su función normal. Sí. Compromiso, en el caso de Saúl no es una palabra cualquiera. Es algo que exige y merece respeto.

"Era habitual orinar sangre después de cada partido. Si tenía que ir al baño, sabía que iba a salir rojo", llegó a confesar Saúl, que tuvo que convivir con ese problema mientras seguía jugando para el Atlético de Madrid, por el que puso su salud en juego. Aquella experiencia amarga de Leverkusen forma parte de una cicatriz imborrable en la vida de Saúl. Hoy vuelve a ese escenario y lo hará con la misma determinación de siempre. En su cuerpo luce diferentes tatuajes, como un tigre, un reloj, un buda, un árbol y por supuesto, el escudo del Atlético de Madrid, que es su segunda piel. Sin embargo, destaca el tatuaje que luce en su muñeca izquierda, con la siguiente leyenda: "La fuerza no proviene de la capacidad corporal sino de la voluntad del alma". Saúl sigue siendo fiel a ese lema. No, en el caso de Saúl, la palabra compromiso no es una palabra cualquiera. Y eso exige y merece respeto.

Rubén Uría

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