Vivimos en la era de la inmediatez y la información exprés. Esté contrastada o no. Es el mal endémico del periodismo. Y de nuestro tiempo. Ahí se prende la chispa adecuada de una presunta noticia que se extiende como un reguero de pólvora en las redes sociles y que provoca una sobredosis de opinión instantánea, que termina por generar un juicio sumarísimo a gusto del consumidor. Mientras el periodismo sigue sin entonar la autocrítica y el lector-follower culpa a la prensa de sus ansias de alegría, los protagonistas demuestran tener más sentido común que quienes les enjuician. El penúltimo caso palmario de esta ecuación es Ronald Araujo. En apenas unas horas ha sido el protagonista de un suceso sorprendente: de no tener compromiso con el club que le paga a ser el tío más comprometido del mundo.
El menú desgustación, un clásico. Parón de selecciones, lesión de jugadores importantes, cabreo de los clubes que pagan la fiesta y vuelta al eterno debate sobre si el fútbol de selecciones vale para algo o es absolutamente prescindible, salvo en las grandes citas. Ronald Araujo se lesionó de gravedad con Uruguay, justo antes de que el Barça - que recibirá compensación económica de la FIFA al ser una baja de más de 28 días- se enfrente a un calendario exigente que, en argot ciclista, vendría a ser un ciclo de etapas en los Pirineos. En ese caldo de cultivo, parte del periodismo teorizó, dibujó y sospechó que Araujo se marcaría un 'Umtiti' y que decidiría no pasar por el quirófano, para no perderse el Mundial. Dando por buena esa teoría y sin esperar a la oficialidad de su decisión, el personal cayó sobre Araujo como un tigre de bengala sobre su presa. Que si no le importaba el club que le pagaba, que si eso sí era pisar el escudo, que si faltaba compromiso y que si la abuela fuma.
Apenas unas horas después, imperaba el sentido común, que en fútbol es el menos común de los sentidos. Araujo, que es de los que prefiere demostrar sus valores en vez de presumir de ellos, decidía operarse y lanzaba un comunicado tan escueto como contundente. Decía que no se trataba de elegir entre Uruguay y el Barça, sino que lo más importante para su carrera era seguir el consejo de los médicos y operarse, porque curarse de una lesión que puede afectar su carrera está por encima de cualquier elección. Una decisión dolorosa para cualquier jugador, se llame como se llame y le pague quien le pague, porque defender la camiseta nacional y disputar una Copa del Mundo es un sueño que no tiene precio. Nada más conocerse su decisión, el personal que había despellejado a Araujo por no operarse cambió de caballo en mitad del río, poniendo el acento en que Ronald es un señor, que ha tomado la decisión correcta, que no pisa el escudo y que su compromiso con el Barça es a prueba de bomba. Recoger cable, deporte olímpico.
Moraleja: Ronald Araujo, hubiera decidido lo que hubiera decidido, se hubiera operado o no, ha hecho lo que creía mejor para su carrera deportiva y su salud que, salvo mejor opinión, están por delante del club que le paga, incluso aunque le pague muchísimo, y también de su selección nacional, por más que jugar un Mundial sea el sueño de cualquier jugador. Hablar del compromiso ajeno es gratis. Cuando está en juego el propio, la cosa no es tan fácil. El caso de Araujo revela que, en el fondo, tenemos que aprender de los demás para intentar aprender algo sobre nosotros mismos.
Rubén Uría


