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Barcelona Xavi 2021Getty

Reírse del Barcelona

Si algo nos ha enseñado el fútbol, que es el mejor relato de la vida, es que conviene no reírse antes de tiempo. Y ahora que hay barra libre de sarcasmo y la Santa Inquisición mediática saliva con el fracaso azulgrana, convendría poner los pies en la tierra. Que el Barcelona es un club golpeado por una crisis salvaje, es un hecho: ha dejado ir al mejor jugador de todos los tiempos, ha heredado una ruina económica terrible, tiene una plantilla desequilibrada y está con el agua al cuello en Champions y descabalgado en Liga. Ni el culé más recalcitrante podría negar su realidad. Inmerso en las tinieblas, el socio apela a la esperanza, porque el fútbol es un estado de ánimo, y ahí descansa la legítima ilusión del socio blaugrana. La realidad es indisimulable: el barcelonismo está harto de ir de incendio en incendio, el club sobrevive intubado a un crédito millonario, tuvo problemas para pagar las nóminas, no puede pagar grandes traspasos y si no logra enderezar la nave a tiempo, puede vivir una temporada instalado en la nada. Un panorama terrible que hace disfrutar al madridismo militante - lógico, parte de la rivalidad- y aún más a los telepredicadores -que saben de fútbol lo mismo que una piedra- que bailan sobre la tumba del Barcelona mientras Florentino se queja del maltrato (sic) de Movistar. Nada nuevo bajo el sol. Así funciona. 

Ahora bien, lo realmente sorprendente es que haya quien está gastando toda sus energías en hacer del Barcelona un saco de la risa y tratarle como si fuera un meme, con una condescendencia y una superioridad moral que además de repelente, es discutible. Entre otras cosas, porque la temporada acaba de comenzar, porque queda un mundo, porque esto es muy largo y porque, si algo nos ha enseñado el fútbol, es que todo es como acaba y no como empieza. El madridismo mediático ha puesto el champán a enfriar y aunque tiene argumentos para formar la fiesta de Blas, podría acabar con una copa de más. Queda claro que el Barcelona no está ahora mismo para ganar títulos. Queda claro que tiene muchos problemas. Queda claro que sin Messi, azote y pesadilla del madridismo, la vida es muy dura. Queda claro que las elecciones dejaron heridas y cicatrices profundas. Queda claro que la economía del club es más triste que el cochero de Drácula. Y queda claro que, en su incomprensible decisión de mantener a Koeman en el banquillo, el Barcelona ha perdido cuatro preciosos meses. Quizá todo eso lo pueda pagar muy caro. O no.  

Que por Barcelona se agarran al clavo ardiendo de Xavi es una realidad. Que en algunos sectores hay exceso de “hype” con la chavalería de La Masia, es otro hecho. Que Gavi, Nico, Ansu, Pedri, Demir y compañía son un soplo de aire fresco pero todavía no son Pelé, Garrincha, Gerson y Tostao, es así. Y no pasar de fase de grupos sería dramático para la economía del club, eso es indudable. Lo sorprendente es que, con el Barcelona en ruinas, haya quien pretenda adelantar los fusilamientos al amanecer del equipo culé, cuando esto acaba de empezar. Que la situación del Barcelona es kafkiana no lo podría negar ni Gaspart. Ahora bien, que Xavi genera ilusión, que el equipo está jugando bastante mejor que antes y que los chavales prometen un futuro dorado, también es indiscutible. Se detecta en el ambiente una mezcla explosiva: la del fiel creyente culé en que ya se ve la luz al final del túnel frente a la risa floja de los que le desean lo peor al Barcelona, que si están tan seguros de la hecatombe culé, quizá deberían esperar y no celebrar por anticipado. Nadie sabe cómo acabará esta película y si finalmente el Barcelona acabará muerto y enterrado en su propia crisis o si, por el contrario, se pondrá de pie y acabará peleando por los títulos, enterrando en su propia bilis a sus enterradores mediáticos. Reírse del Barcelona hoy es gratis, pero quien ríe el último siempre ríe mejor. La historia está llena de ejemplos. Y el Madrid es el mejor ejemplo. Siempre adelantan su fracaso y siempre acaba peleando los títulos. Y ganándolos.

Consejo: que nadie saque el champán en noviembre, por si acaso. Porque si el Barcelona está intubado y en fase terminal ¿a quién le puede molestar que sus socios festejen que su equipo vuelva a tener un estilo reconocible y juegue bastante mejor? Los vientos del fútbol suelen ser caprichosos y nadie podría asegurar que las risas de hoy sean el miedo de mañana. Pregunten a Luis Enrique. Miren a Vinicius. Muchos se reían de ellos y ahora esa risa es una mueca ensangrentada. El Barcelona tiene un mal presente, pero está construyendo un buen futuro. Reírse del mal ajeno es gratis, pero igual convendría esperar. Todo es como acaba y no como empieza.

Rubén Uría


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