Qué importa si en Navidad, dentro de una semana, no está ese regalo que te hubiera gustado hacer. Qué importa si el aguinaldo no llegó y estas fiestas toca un poco menos que antes. Qué importa si hace un tiempo los sueños se fueron apagando, se cortan sin empezar. Qué importa si todo parece una rueda que gira con ruidos, con trabas, con un andar lento, pesado.
Qué importa
Qué importa si ya no alcanza la plata. Si el lunes levantarse es demasiado duro. Si el día a día carece de sentido. Qué importa si en verano el calor aprieta demasiado y en invierno congela los pies. Qué importa si el covid arrastró demasiado. Si se llevó a uno que amabas.
Qué importa.
Qué importa si Messi miró al piso en Rusia, lloró en Estados Unidos, tuvo que sentarse a respirar en Chile, rozó la gloria en Brasil. Qué importa si esto es el final. Qué importa si alguien alguna vez lo comparó con Maradona. Qué importa si es mejor. Qué importa si es peor.
Qué importa si otros países no querían que Argentina gane. Qué importa si en India y Bangladesh nos aman y en México o Inglaterra nos odian.
Qué importa si los argentinos, al fin, se sintieron juntos. Qué importa si el equipo fue la tierra de los potreros, la viveza de la calle y la genialidad inexplicable de un amor. Qué importa todo si, por un rato -un mes, quizás-, pudiste olvidar todo lo malo. Qué importa si el corazón estalla, la sangre corre y la garganta queda apretada, seca. Qué importa si lo único que pensaste durante un mes era esto.
Qué importa si cuando juega la Selección argentina en un Mundial te das cuenta que somos distintos, que el fútbol es nuestro, que nuestra pasión es, en realidad, una forma de vida. Qué importa si un tipo de Fiorito conquistó el mundo para que otro de Rosario se hiciera cargo después.
Qué importa.
Qué importa si te está por agarrar un infarto en cada partido. Si simplemente no se puede tolerar. Si el corazón se escapa de la boca, vuelve, se va. Qué importa si en algún momento pensás que el fútbol no es para vos. Que el Mundial no está hecho para Argentina. Que estamos condenados a sufrir. A nunca ser felices.
Qué importa si Messi es de Argentina. Y siempre va a estar para nosotros. Para toda la vida.
Qué importa si en realidad lo único que nos queda es esto, lo poco que te hace vibrar, que te vuelve loco, que te da orgullo. Qué importa el resto si Argentina te hace llorar así.
