¿Qué pasó en Boca para que - 71 días después de ganar la Copa de la Liga Profesional - se encuentre en este presente tan pobre en lo futbolístico? La insólita postura de los jugadores por los premios, la eliminación contra Corinthians en los octavos de la Libertadores, el despido de Sebastián Battaglia en una estación de servicio, un nuevo interinato con Hugo Ibarra, la exagerada reacción por la suplencia de Carlos Izquierdoz y su posterior salida al ascenso de España, desencadenaron en una sumatoria de derrotas y actuaciones desalmadas.
Boca inició un camino destructivo que no parece tener lógica, pero que está trayendo consecuencias que pueden ser determinantes si no se toman decisiones. Los culpables de este presente tan caótico están en la dirigencia - con Juan Román Riquelme a la cabeza -, en los dos cuerpos técnicos que han comandado al equipo en este semestre y en los futbolistas. Si no hay una reacción el daño puede ser significativo, en especial a 18 meses de unas elecciones que de nuevo prometen ser feroces.
Todo comenzó con el plantel y aquel intento de piquete para reclamar premios a horas de disputar un partido trascendental. El pedido no fue en buenos términos de su parte, incluyeron amenazas de dejar la concentración y su reclamo base fue sobre un dinero que sabían que no correspondía cobrar en ese momento. Dentro de todas las críticas que se le pueden hacer a la dirigencia actual, la única que no tiene sentido es la económica, ya que Boca es uno de los pocos clubes del país que están al día en los salarios, que no bajó sueldos en la pandemia, que paga los premios a 90 días máximo y que incluso los ha abonado en torneos que no estaba estipulado como en la Copa Maradona 2020. En aquel certamen la propia AFA avisó que no había plata el campeón, por lo cual el Xeneize tuvo que sacar de su caja para darle un monto a los futbolistas.
Boca fue eliminado contra Corinthians en un partido en el que mereció más en la primera parte, en la que en la segunda no hubo ideas y los penales fallados por Benedetto fueron determinantes. La derrota ya era un golpe a la economía y las aspiraciones de un club que tiene como obsesión la Libertadores. Pero en la conferencia de prensa Sebastián Battaglia se quejó de los refuerzos que no llegaron, se refirió a que con lo que tenía no le alcanzaba, y desató el enojo de futbolistas y dirigentes. El entrenador trató de acomodar su discurso para el plantel al llegar a la práctica, pero la situación era irremontable y el Consejo de Fútbol lo echó de manera desprolija en una estación de servicio.
La salida de Battaglia era necesaria. Si bien el técnico ganó dos títulos, su equipo siempre se mostró irregular y él nunca dio la sensación de estar en el punto exacto de madurez para hacerse con el cargo de semejante responsabilidad. El problema no pasó por la decisión de sacarlo, si no por el momento y las formas. La dirigencia tuvo múltiples ocasiones para acabar con el ciclo antes y traer a alguien de mayor experiencia, o que simplemente se adaptara más a su visión del juego
Cuando Boca logró la Copa Argentina el DT aún tenía contrato como interino, pero optaron por sostenerlo en el cargo pese a que el equipo no jugó bien en ese semestre. También pudieron sacarlo cuando equipo tuvo aquella actuación lamentable ante Godoy Cruz que hizo llenar de nervios la Bombonera. Pese a eso, se lo mantuvo, le dieron confianza y oportunidades quizás cuando no las merecía, pero su salida definitiva llegó acompañada de una declaración contra el Consejo de Fútbol. Eso provocó que, si bien había muchos argumentos para despedirlo, para afuera se creara la sensación de que su adiós fuera por algo más personal que futbolístico.
El entrenador elegido para suplir a Sebastián Battaglia fue otro ídolo de la casa como Hugo Ibarra. De nuevo la figura del interino apareció en el club, y tras caer en el debut contra San Lorenzo de visitante, se improvisó una conferencia de prensa en la que se lo oficializó hasta diciembre. La falta de firmeza para ir por un entrenador consagrado, la mala comunicación y la sensación de improvisación germinó de manera negativa en muchos de los hinchas de Boca.
La llegada de Ibarra no pasó desapercibida, ya que de entrada el técnico dispuso que Carlos Izquierdoz fuera al banco de suplentes. Algunos personajes influyentes y opositoras, muchos hinchas que admiran al defensor, y ciertas filtraciones de los jugadores para afuera, hicieron que se creara una situación de tensión inexplicable. El capitán, que había tenido una gran serie contra Corinthians y malos partidos a nivel local en este semestre, pasó a ser el protagonista de debates que transformaron lo futbolístico en político.
Boca a Carlos Izquierdoz le mejoró el salario hasta diciembre para premiarlo y para que no ejecute la cláusula que le permitía irse a mitad de año. El objetivo del jugador y el del club era la Libertadores, pero una vez que terminó con la eliminación ante Corinthians, asumió Ibarra, mandó al defensor al banco y se llegó esta situación. El capitán terminó yéndose al ascenso de España a vivir la experiencia Europa, ir por su último mejor contrato y cerrar su ciclo en el club. El que quedó - y golpeado - fue el técnico interino, que fue expuesto por un plantel que- a través de festejos de goles y mensajes indirectos en redes sociales - hizo público su descontento frente a esta decisión.
La elección de Hugo Ibarra como técnico para a travesar tormentas podía estar justificada en los dos títulos que ganó con la reserva, algo que Boca no conseguía desde hace una década cuando Leandro Paredes era figura de esa división. Pero su llegada a primera ni siquiera fue junto al cuerpo técnico con el que salió campeón. Ahí estaba Mauricio Serna - hoy cuarto miembro del Consejo de Fútbol- como su ayudante, puesto que en estos últimos meses cubrió Leandro Gracián. Cuando llegó el debut con San Lorenzo, se sumó Mariano Herrón. Tras esa derrota la dirigencia volvió a cambiar, bajando a la tercera al que fuera asistente de Russo y Battaglia, y subiendo a Roberto Pompei - quien venía liderando la cuarta en inferiores - para conformar este insólito tridente de entrenadores.
Más allá de la falta de experiencia, de capacidad o de improvisación que pueda apuntársele a Ibarra, los futbolistas no escapan a la responsabilidad de este presente de seis derrotas en once partidos por la Liga Profesional, de las cuales tres fueron aún con Battaglia de técnico. El rendimiento del equipo baja de manera preocupante fuera de casa, como si la falta de la mirada de La Bombonera los relajara y les permitiera una menor exigencia. La intensidad, la disputa de pelotas divididas, el riesgo con la pelota, y el cambio de gestualidad es otro el equipo sale del confort del aplauso protector del hincha.
Las elecciones del 2023 serán decisivas para un Juan Román Riquelme que por primera vez empieza a mostrarse como un humano. La falta de decisiones clave, su ausencia en lo comunicacional, las fallas en los mercados de pases previos a los mano a mano en la Libertadores, está provocando que por primera vez en su carrera las operaciones vulneren su figura. Si bien su imagen de ídolo sigue siendo enorme y única para Boca, del otro lado hay una oposición que maneja muchísimo poder, que tiene detrás un aparato de nivel político nacional, y que saben que se está planteando un escenario que hace unos meses parecía imposible.
No hay una explicación lógica que aclare por qué un Consejo de Fútbol integrado por cuatro personas tan influyentes para el fútbol de Boca - Mauricio Serna, Jorge Bermúdez, Raúl Cascini y Marcelo Delgado - todavía nopuedan encontrar un entrenador a la altura del club. En especial porque en este semestre aún quedan muchos encuentros de la Liga Profesional, está la Copa Argentina y el Trofeo de Campeones. Demasiados objetivos importantes como para que el Xeneize ya tire todo por la borda con un interinato.
Boca tiene plantel para jugar mejor y levantar un presente que puede terminar en más que una tormenta. La dirigencia se agarra de la clasificación a la Libertadores 2023, de las dos eliminaciones a River en mano a mano y en los cuatro títulos obtenidos en dos años y medio, para tomarse el tiempo e intentar minimizar el error de la elección del próximo entrenador. Su calma y paciencia por momentos lidia con la subestimación de una situación que se va agravando.
Los ídolos, los referentes, el cuerpo técnico y la dirigencia son responsables de la transformación de un Boca que pasó de ser campeón a vivir este presente desfigurado. Los futbolistas tendrán que responder en la cancha, el Consejo de Fútbol acertar en el técnico, pero Riquelme y la Comisión Directiva deberán leer los problemas antes que todo se transforme en una avalancha que tape todo lo bueno que han construido.

