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Ruben Uría Blog

Piquenbauer conquista "El Teatro de los Sueños"

Jugó con esmoquin, lideró al equipo desde atrás y transmitió una sensación de seguridad que dio al Barcelona el aplomo necesario para no cometer ni un solo error. Maduro, sereno, eficaz y referencia, Gerard Piqué emergió en Old Trafford como el mariscal de campo perfecto para Ernesto Valverde. Apoyado por un Lenglet descomunal, Piqué ofreció un “master-class” de fútbol. Nueve despejes, cinco duelos aéreos ganados, un 90% de acierto en el pase y un ramillete de quites, cruces y vigilancias dignas de elogio. No hizo ni una sola falta. No le hizo falta para gobernar, desde la cueva, un partido matrícula de honor. Sacó la escoba con oportunidad, metió la cabeza donde algunos tendrían miedo de meter el pie, distribuyó la pelota con eficacia, mantuvo la serenidad en todo momento, midió siempre bien y encontró una solución para cada problema. Se anticipó a Lukaku, cuerpeó a Rashford y frustró a Lingard. Nadie pudo con él y nadie brilló con más intensidad que él en Old Trafford. 

Anoche tuvo la jerarquía de Puyol, la marca de Godín, la astucia de Baresi, la presencia de Maldini, la contundencia de Ramos y la elegancia de Beckenbauer. Su partido, simplemente antológico, es motivo de orgullo para los aficionados del Barça y de tristeza para los de la selección. Unos le disfrutan y otros han dejado de disfrutarlo. Anoche lideró a un Barça que activó el modo del “fútbol-control”, que creó un rondo gigante por momentos y que cumplió su gran objetivo: ganar en Old Trafford para poner pie y medio en semifinales de la Champions. Fue la noche de “Sir” Gerard Piqué. Volvía a la que fue su casa y demostró que ahora ya no es una promesa, sino una realidad. Sí, fue su noche. O mejor dicho, está siendo su temporada. Esta es, sin duda, la mejor versión de Piqué. Nunca jugó tan bien, nunca tuvo tanta regularidad, nunca tuvo tantos galones y nunca se le vio el liderazgo que rezuma ahora. Va sobrado. Para jdisfrute de sus partidarios y úlcera de sus inquisidores. 

Brilla con luz propia, es un bastión, no se equivoca ni a palos, elige siempre bien y es la referencia para los compañeros en los momentos trascendentes. Hay quien sostiene que Gerard, fuera del campo, soluciona problemas a la vez que los crea. Es posible. Lo que es indiscutible es que, dentro del campo, tiene una solución para cada problema. Nunca estuvo tan bien, nunca fue tan decisivo y nunca transmitió la sensación de ser infranqueable como lo parece ahora. La pregunta del millón es simple: ¿Es ahora mismo Piqué el mejor central del mundo? La respuesta tiene dos letras, pero la palabra es una sola.

Rubén Uría

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