El propio Luis Enrique lo estaba esperando. Lo sabían los jugadores de la Selección de España. Y, por supuesto, los aficionados. Unai Simón no ha lanzado nunca en el Mundial Qatar 2022. Jamás. Esto es un dilema y una bandera. Y, antes de esconderlas, el equipo brillará. O quedará afuera. Pero ya no hay vuelta atrás y los grises no se aceptan. Un periodista británico gritaba desesperado en la zona de prensa del estadio Al Khalifa, donde España perdió ante Japón y casi queda afuera. "¿Cuándo van a dejar de hacer estas estupideces?". Quizás tenga razón. Quizás no lo comprenda.
En el partido ante Japón, el portero de España sufrió una mala salida que derivó en el primer gol del equipo asiático (un pase demasiado exigido a la banda izquierda que generó el remate en la puerta del área de Doan), un golpe que el conjunto europeo no pudo asumir y lo sufrió demasiado, tanto que estuvo tres minutos afuera del torneo mientras Costa Rica le ganaba a Alemania.
Japón fue un equipo preparado. Estudió con meticulosidad los movimientos de España y le hizo daño, especialmente en la salida. En secuencias específicas del partido, cuando sus centrales estaban más bien adelantados y los once jugadores en un espacio corto, apretaban en bloque orientando hacia afuera. Maeda solía quedarse con Busquets, mientras que Kamada y Kubo se iban con Pau Torres y Rodri. Por fuera, Ito o Nagatomo esperaban en posición intermedia en caso de que se salteara hacia los laterales, Balde o Azpilicueta (luego Alba y Carvajal).
Ante Japón, Simón dio más pases que varios de sus compañeros. Le dio 16 balones a Rodri y 15 a Pau, por ejemplo. Toma mucho el balón porque es el primer armador de jugadas y también un descargo ante una presión complicada de afrontar. Y juega bien con los pies. Sabe perfilarse correctamente, tiene precisión en los ritmos de pase, entiende de distancias.
Lo que le faltó a España fue incorporar variantes a la salida ante la presión. Cuando los centrales y Busquets quedaron tomados y los laterales terminaban cubiertos, ninguno de los internos -Pedri y Gavi- supo aparecer como para recibir en una zona más o menos comprometida pero lejana al daño propio.
España recibió un cachetazo pero sigue en el torneo. Unai Simón y el equipo en general no cambiará esa faceta de juego. La explicación la dio Luis Enrique varias veces y tiene una lógica: cada iniciación prolija y por bajo es una nueva posibilidad para gestar una situación de gol, para hacer un gol. Tirar un balonazo sería contrario a esa idea porque se dividiría la posesión sin sentido.
No habrá puntos medios. Es esto o esto. Es probable que se vuelva a equivocar. Quizás España quede afuera por sufrir una nueva presión efectiva o cometer un error con los pies (de hecho, en el primer tiempo Busquets hizo un par de controles equivocados en el área y estuvo a punto de perderla). Pero no cambiará. Incluso cuando perdía ante Japón y se comenzaban a percibir situaciones de pánico total, con pases sin sentido y anulamientos, él fue uno de los pocos que no cambió. Unai Simón, en ese sentido, es el capitán de una idea. Sus pies son de hierro, su cabeza de acero y su corazón, de hielo.
