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Neymar

Neymar, entre Batman y el Joker

Una pileta gigante con amigos. Videojuegos. Bailes. Algo de alcohol. Disfrazarse en Halloween. Disfrutar de los carnavales. Estar en la playa. Tomar sol. Una mini cancha de fútbol inflable. Mujeres.

En una de las partes más reveladoras del documental "El caos perfecto", de Netflix, Neymar mira a la cámara, desliza una sonrisa y le deja saber al mundo sus prioridades. Una de las cosas que más orgulloso lo pone es vivir al máximo sin escurrirse por la exigente vida de un futbolista de súper elite. El brasileño no parece dispuesto a resignar cosas, convencido de que sus condiciones no necesitan de un cuidado zen, un descanso ritual o una inhibición exagerada.

En el living de su casa en París, Neymar tiene un cuadro gigante que resulta casi un símbolo: su cara partida en dos. A la izquierda, con la máscara de Batman, el superhéroe que lo obsesiona. A la derecha, el Joker. Ney transmite esa parte de villano hacia la irreverencia, el desparpajo. El caos. 

Neymar, como alguna vez lo hicieron Romario o Ronaldo, quiere ser el superhéroe en la cancha. Pero, para ser el mejor de todos, no está dispuesto a regalar su faceta de 'villano'. A los 30 años, en la puerta del Mundial Qatar 2022, se encuentra ante un dilema que en algún futuro puede sonar como una campanada directa al corazón. ¿Y si se queda con ganas de haber sido más?


Neymar tiene 21 años y lleva una gorra con la visera hacia el costado. Está a punto de hacer una presentación ante periodistas, poco después de llegar a Barcelona. Su papá, Neymar Sr, le da un beso y le pide algo: "La gorra, por favor, ponela bien". El jugador no quiere saber nada. Se produce una pequeña discusión. De papá a hijo. Ney parece algo nervioso. "Dale, dale, que nos están esperando", dice. Y escapa.


Es particular la forma en la que el papá de Neymar se refiere a su hijo durante todo el documental. Todos sus puntos de vista se relacionan más con la mirada del jugador como una marca primero, como un hijo después. Orgulloso, se regodea de que la empresa que lleva todo sobre el delantero tiene más de 200 empleados. Que el objetivo es generar un negocio que prosperará la carrera deportiva. Recuerda los años de Ney por la cantidad de dinero facturada. En los últimos años, la relación entre ellos estuvo más fría que nunca.


Era tan bueno Neymar que la vida se le vino encima como una gran ola que aplasta lo que sea. Ganó la Copa Libertadores con Santos a los 20, fue papá a los 19, representó a las principales marcas del mundo. Se volvió rico. En algún momento, las cosas se le fueron de las manos. Algún destrato equivocado a un entrenador. Alguna injusta broma a un rival. El nivel de presión, siempre al tope. 


Su paso por Barcelona fue maravilloso porque Messi le soportó varias cruces pesadas. El argentino se hizo cargo de ser el 1. Como 2, el brasileño brilló y fue feliz. Cuando fue a buscar el 1 a PSG, no la pasó bien. No le fue bien. Hoy, no se termina de entender su rol, con un Mbappé que explotó hasta las nubes. 


En la Selección, muy cerca de superar a Pelé como máximo goleador, Neymar no niega que Qatar es su Last Dance. El delantero, mimado por Tite y ahora cubierto por un equipo de enorme potencial, es mirado de reojo por la hinchada de su país. Aunque podría llegar con tranquilidad a la cita del 2026, ya anticipó que este será su adiós.


Poco antes del Mundial, Neymar pisó fuerte en la política de Brasil. Se manifestó a favor de la reelección de Jair Bolsonaro, provocador con orientación ultra conservadora, destacado por una retórica contra las mujeres y la comunidad LGTBQ. El rumor, nunca confirmado, fue que el padre había tenido una conversación con el dirigente, que terminaría perdiendo ante Lula, para resolver algunos temas relacionados a deudas impositivas.

Neymar se anima a ser Batman, pero no todo el tiempo ni hasta que le dé el cuerpo. En Qatar, planea ser una vez más el superhéroe, el conquistador de un título que Brasil no abraza desde hace demasiado tiempo. Pero hasta aquí llegó. De a poco, suelta el traje que tanto le pesa desde su adolescencia mientras mira de reojo al disfraz del joker, mucho más liviano, mucho más imprevisible, mucho más Neymar.

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