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Luka ModricGetty

Modric hace creer que todo es posible

Kevin De Bruyne, 31 años, símbolo y capitán de Bélgica juega casi en puntas de pie, como si el destino de este Mundial no dependiera de este partido. Todos sus recorridos son sin esfuerzo, como si el desgaste no fuera necesario, como si su equipo no estuviera a punto de quedar afuera.

Luka Modric, 37, líder de Croacia. Disputa el juego como si fuera el último de su vida. Está más que claro que controla todas las facetas, pero a eso le agrega un amor propio digno de lo que representa su figura: el mejor jugador de la historia de su país y una de las grandes leyendas del Real Madrid.

En el partido ante Bélgica que determinó el segundo lugar para Croacia en el grupo del Mundial Qatar 2022, el equipo de Zlatjo Dalic volvió a demostrar, como había ocurrido todo el torneo, que ya no tiene la electricidad de Rusia 2018, cuando terminó en el segundo lugar y no estuvo tan lejos de derribar a la Francia campeona.

No es una cuestión de funcionamiento ni física. Esto se trata de nombres. Hace cuatro años, Croacia tenía varios jugadores de jerarquía en su momento top, como Rakitic, Perisic, Mandzukic o el propio Modric. Hoy, el equipo no puede destacarse desde lo individual.

Croacia se sostiene en Modric. El capitán lo hace todo bien. Maneja los hilos desde una técnica admirable. Amaga constantemente con el lanzamiento y engaña a sus rivales, que pasan de largo. Y ahí la jugada vuelve a nacer. Llega al área cuando puede y, en el medio, practica una presión potente. Casi nunca pierde el balón y tiene un nivel de eficacia en los pases altísimo.

No la tendrá fácil en los octavos de final. Es un equipo más bien lento, con poca sorpresa y sin grandes atributos (sí, es ordenado, riguroso en el aspecto defensivo y con buenos movimientos de presión). Pero Croacia tiene a Modric. Y sólo él hace creer que todo es posible si está en el campo de juego.

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