El guion fue similar al utilizado ante Envigado: cuatro defensores, jugadores en sus posiciones naturales y la propuesta de siempre. Algunas fichas tuvieron que ser cambiadas por obligación, caso Braghieri, Quintana, Mafla, Hernández, Duque, entre otros; pero la idea fue la misma.
Osorio siguió la línea que mejor rendimiento y resultados le ha dado hasta ahora y el equipo le respondió con la ayuda de tres jugadores que fueron determinantes para lograr el buen resultado -con varios sufrimientos innecesarios de por medio- que mantienen los buenos aires en el equipo.
Andrés Felipe Andrade, Jarlan Barrera y Déinner Quiñones fueron uno para todos y todos para uno. Cuando los tres se encontraron, más que Mosqueteros, fueron magia pura. Desequilibrio, pases, gambetas, opciones de gol. Cuando a Barrera se le acabó el partido, los otros dos siguieron siendo los pilares que sostuvieron el ataque del equipo, seriamente afectado por la improductividad de González Lasso.
Con el equipo al hombro, animaron a los volantes de primera línea para que los acompañaran en sus campañas individuales ante la armada defensa leoparda. Rovira y Gómez se animaron a ser sus socios, alguno más apareció por ahí y pudieron sentenciar el partido para evitar angustias, pero Martínez negó las posibilidades.
En buena parte del segundo tiempo, entre Andrade y Quiñones, se sostuvo un resultado importantísimo para Nacional, para su confianza, para Osorio y para llegar al 100 % al duelo del sábado ante Junior. Ante las afugias defensivas, ellos fueron los encargados de mantener al local preocupado también por lo que pasaba en su campo y evitar que se tomara más aire del debido para ir por el empate. Eso sí, tendrán que aparecer más Mosqueteros, especialmente en la defensa, para que la historia tenga tantas tramas y dramas en procura de un final más feliz.
Por lo visto en el Alfonso López y en condiciones normales de los jugadores y el cuerpo técnico, hay que juntar a estos tres tanto como se pueda y complementarlos bien, sea con Candelo, Hernández o Duque para que el cuento sea completo y las victorias no sean cuestión de una buena racha, sino de una estructura perfectamente armada y conjugada.


