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Ernesto Valverde 2022-23Getty

La reduflación en el Athletic

Firma Lartaun de AzumendiGoal

Hace meses que se nos viene advirtiendo de la próxima llegada de una crisis económica. Primero se disparó hasta llegar al cielo el precio de la electricidad. No nos habíamos hecho a la idea de lo que suponía semejante incremento cuando los combustibles emprendieron la misma senda. La guerra en Ucrania ponía negro sobre blanco que la que se nos venía encima no iba a ser pequeña. Y en ello estamos, con la economía apuntando ya en negativo para los próximos trimestres mientras la inflación escarba en nuestro bolsillos.

Los particulares y las empresas, como es lógico, han ido tomando sus medidas con el fin de tratar de aminorar el impacto de semejante conjunción de factores negativos. Entre las acciones que están llevando a cabo cada vez más productoras de bienes de consumo está la aplicación de la reduflación.

Robert Crandall fue un pionero en este aspecto. La sencilla aplicación de una idea suya causó un enorme revuelo en los círculos económicos de 1987. Crandall era entonces el presidente de American Airlines, una de las aerolíneas más importantes del mundo en la época.

El ejecutivo tuvo la ocurrencia de quitar una aceituna, una nada más, de cada ensalada que se sirviera a los pasajeros de primera clase de su flota. El ahorro parecía una nimiedad y ninguno de los viajeros lo notó, como es lógico. El resultado acabó por dar la vuelta al mundo. Crandall logró economizar 40.000 dólares del 87 mediante esa simple argucia.

En 2022, la reduflación –que no es otra cosa que reducir el tamaño o la cantidad del producto que se vende por un mismo precio– parece estar ya por todas partes. Fundamentalmente, se nota en la alimentación donde las bolsas de patatas fritas ofrecen menos cantidad o la bollería industrial vende piezas más pequeñas sin incremento de coste final, por citar dos ejemplos.

La propuesta del comienzo de temporada de Valverde sacó de la afición del Athletic un rugido y una pasión sanguínea que no se veían desde cuando todos recordamos con nitidez. El vértigo al que dio el visto bueno en el césped el técnico rojiblanco hizo que los leones cosecharan puntos a ritmo del recientemente fallecido Jerry Lee Lewis. El teclado del piano saltaba deliciosamente en pedazos sin importar apenas quién fuera el intérprete. Una percusión valiente y, sobre todo, rabiosa. Música celestial.

Tras un trabajo encomiable y un zurrón repleto de puntos, al Athletic le venía un calendario de aúpa. Eso sí, a diferencia de otras veces, se esperaba a los rivales de campanillas con el estómago lleno.

El resultado del paso de los leones por el mes de octubre ya se ha visto. Más allá de la segunda parte contra el Villarreal, y algún momento efímero, el equipo ha estado irreconocible. O mejor dicho, ha resultado tremendamente familiar para los que llevan años siguiendo al equipo. Del vértigo se ha pasado a la reduflación, sin solución de continuidad.

Lo peor no es que en las últimas fechas el planteamiento y el desempeño estén despeñándose a marchas forzadas, sino que amén de que el viernes por la noche miles de aficionados rojiblancos se habrán marchado a la cama sin cenar o se habrán forrado a vasos en los bares, cuando hayan pasado un par de días parecerá no haber sucedido nada. Para encontrar la exigencia hacia su propio equipo habrá que viajar a ver cómo respiran las hinchadas en otras ciudades. En Bilbao son incontables los años en los que el sumatorio de los cabreos individuales dan como resultado un silencio atronador. Desde la tasca hasta el palco, pasando por las gradas.

A la afición le están volviendo a quitar patatas de la bolsa a sabiendas de que seguirán comprándolas religiosamente con esa obediencia mal entendida que refuerza al que no tiene empacho alguno en aplicar la maldita reduflación.

Lartaun de Azumendi

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